El misterioso encanto de Paracas

(Artículo publicado en el Cuerpo Vidactual de El Mercurio. Diciembre del 2015)

Dibujado en una colina de arena y solo visible desde el mar, “El Candelabro” es uno de los grandes enigmas de la península de Paracas. Se trata de un geoglifo de 120 metros de extensión, cuya línea del centro apunta al sur, justo donde están las figuras de Nazca. Su origen, antigüedad y significado todavía son una incógnita: mientras algunos dicen que es un símbolo masónico realizado por el militar libertador José de San Martín, otros se inclinan por un símbolo que orientaba las travesías de los antiguos pescadores. “Una teoría es la del cactus San Pedro, una planta que los chamanes curanderos ocupaban como anestésico. Y, aunque no es igual, esta figura se parece”, dice Ronny Vizcarra, guía de la zona.

Ubicada en el departamento de Ica, a 261 kilómetros al sur de Lima, Paracas es uno de los ocho distritos de la provincia de Pisco y uno de los destinos turísticos de moda en Perú. Es también la cuna de una de las civilizaciones preincaicas más singulares. Descubierta en 1925 por el arqueólogo peruano Julio Tello, la “cultura Paracas” —cuyo nombre significa “lluvia de arena”, en honor a los vientos huracanados que suelen azotar la zona— confeccionaba una cerámica policroma y los tejidos más finos de toda la América precolombina. No es lo único: sus habitantes deformaban sus cráneos con tablillas, logrando un temible look de cabezas cónicas, y los médicos practicaban las crudas trepanaciones craneanas, presumiblemente para curar fracturas de guerra.

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Situada en la localidad más desértica de la costa del Perú, y al mismo tiempo en una zona marítima con corriente de agua fría, la fama turística de Paracas se explica por su inquietante geografía, llena de cavernas, acantilados y curiosas formas. Entre sus principales actividades turísticas, destacan el tour en bicicleta a la Reserva Nacional de Paracas y el circuito en bote a las Islas Ballestas, un conjunto de 22 islas e islotes y 11 puntas guaneras donde campean lobos marinos y pingüinos de Humboldt. Este también es el lugar ideal para todos los birdwatchers —o amantes de la observación de aves— quienes pueden avistar especies como el gallinazo (el equivalente a nuestro jote cabeza colorada), el zarcillo y el piquero peruano, una de las principales aves guaneras del Pacífico sudamericano.

Para los que buscan emociones fuertes, un panorama ideal son los buggies —también conocidos como “carros tubulares”— que surcan las imponentes dunas que rodean el oasis de Huacachina, a cinco kilómetros de la ciudad de Ica. Aquí los visitantes pueden pedir una tabla para practicar sandboarding. ¿Una recomendación? Trate de programar esta actividad en la tarde, para no perderse la maravillosa puesta de sol.

¿Dónde alojar?

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En los últimos años, Paracas consolidó una pujante oferta hotelera con opciones para todos los gustos. Para los bolsillos más pudientes, una alternativa es el Hotel Paracas (A Luxury Collection Resort), un recinto con lujosas suites como la Pool Plunge (760 dólares la noche, con piscina en la terraza) y las Ocean View (400 dólares, con vista al mar). Este fue el recinto que acogió la última cumbre de la Alianza del Pacífico y sus instalaciones incluyen bar lounge, piscina y sala de masajes. Desde el muelle del hotel, justo al lado del restaurante Chalana, donde se comen cebiches fresquísimos con la pesca del día, salen lanchas a las Islas Ballestas a las 8:20 y 10:20 de la mañana.

Si lo suyo es la arquitectura colonial y los paisajes exuberantes, una buena elección es el Hotel Viñas Queirolo, ubicado en medio de un viñedo, en pleno valle de Ica. Se trata de una vieja casona reconvertida en un moderno hotel, donde los huéspedes pueden realizar caminatas, contemplar las imponentes vistas con cóctel en mano y, por la noche, catar vinos. Los precios van desde 180 dólares (suite junior) hasta los 300 dólares (habitación cuádruple). Si solo quieres pasar a comer, puedes reservar un tour que incluye almuerzo y visita al viñedo por 20 dólares.

Sin embargo, también hay opciones más módicas. Un paradero habitual de turistas europeos que llegan a Paracas es el Hostal Residencial Santa María, a un costado de la plazuela Abelardo Quiñones, en la Playa El Chaco. Aquí las habitaciones dobles cuestan 40 dólares la noche e incluyen baño privado, agua caliente, televisión con cable, wifi y desayuno continental.

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