“La gente está tan fascinada con sus juguetes que no pone atención al arte”

El legendario periodista estadounidense David Fricke visitará Chile por primera vez, para dictar una cátedra sobre 1967, el año que cambió el rumbo de la música popular. “Hoy las cosas cambian todos los días, pero dejan una huella menor”, dice.

(Artículo publicado en el Cuerpo Vidactual de El Mercurio. Julio del 2017)

En julio de 1968, David Fricke (65) asistió a su primer concierto. En el estadio John F. Kennedy de Filadelfia, su ciudad natal, vio a Pink Floyd, quienes hacían su primera gira con David Gilmour. “Tocaban un puñado de bandas y la entrada costaba un dólar”, relata a “El Mercurio“. “Ellos (Pink Floyd) eran el acto de apertura y, simplemente, me volaron la cabeza. Es algo que pasa una y otra vez: escuchas algo como una experiencia nueva y te señala un camino que, quizás, no sabes exactamente lo que es. Pero te das cuenta que quedarte quieto no es una opción”.

Cuando ya tenía una pequeña colección de cinco discos, Fricke supo que quería ser periodista de música. Sin embargo, no sabía cómo hacerlo: a finales de los 60 ya existían escritores de rock, pero ninguno de ellos ganaba dinero. “No era algo que hacías como una carrera, sino como una aventura o un llamado”, dice. “Ahora puedes ir a la escuela y tener cursos sobre historia del rock, pero eso no existía. Si querías hacer de esto tu vida, simplemente tenías que vivirlo, que es lo que yo hice. Apenas terminé la universidad, empecé a tomar trabajos relacionadas con la música: fui el secretario de un festival, hice relaciones públicas para un bar, escribí para un diario local y luego para otro. Y no me rendí (risas)”.

En 1977, cuando todavía vivía en Filadelfia, Fricke publicó su primer artículo en la revista Rolling Stone. Dos años después se convirtió en uno de sus críticos de discos, luego en su editor musical -entre 1992 y 1995- y, desde hace una década, ocupa el cargo de editor senior. En las últimas tres décadas fue artífice de varios de los artículos más memorables de la publicación fundada en San Francisco. Entre ellos, una reveladora entrevista con Kurt Cobain seis meses antes de su muerte; un viaje con Mick Jagger y Keith Richards a Marruecos, en 1989, y una extensa conversación con Patti Smith, con quien pasó dos días en Detroit.

Además de sus dotes como entrevistador -también colaboró en medios como Melody Maker, MOJO y The New York Times-, Fricke concita el respeto unánime de los músicos. Cuando R.E.M. anunció su separación, la banda lo eligió a él para contar los detalles del quiebre. Y era, quizás, el único crítico de rock al que Lou Reed le contestaba el teléfono sin propinarle insultos. Sus notas aparecen en compilados y reediciones de álbumes históricos -desde Led Zeppelin y The Velvet Underground, hasta Metallica y Frank Zappa-. Y su rostro -con aquel inconfundible corte de pelo taza- es requerido cada vez que los documentalistas buscan un experto que los ponga en contexto.

“En la película ‘Casi Famosos‘, la banda piensa que el reportero es ‘el enemigo'”, dice Fricke. “Pero, en realidad, el personaje no es el enemigo, sino que quiere saber más. ¡Es una pasión para él! Está ahí para conectar y eso es lo que yo hago. Los músicos que he llegado a conocer se dan cuenta de que no estoy aquí para robar su alma. Estoy aquí para aprender algo y compartirlo. Incluso si es algo oscuro, como las adicciones, no les hago preguntas porque quiero hacerles sentir mal, sino porque esa es la historia. Y, con suerte, lo que saldrá de esa historia será algo conmovedor y revelador que será más grande que el hombre mismo”.

El año cero

Invitado por Encuentros El Mercurio, este jueves 3 de agosto, Fricke dictará una conferencia en el Teatro iF (ver detalles en el recuadro). En “1967: A 50 años de la revolución del rock“, el periodista se explayará sobre la inolvidable explosión creativa de aquel año junto al ingeniero en sonido y conductor radial Hernán Rojas. “Espero escuchar lo que está pasando musicalmente en tu cultura”, anuncia. “Quiero conocer más allá de Víctor Jara. Estoy preparado para aprender. Le dije a Hernán: si vamos a hablar de 1967, también quiero hablar de lo que estaba pasando en Chile, porque ese año fue un año para todos”.

Además de ser el año del “verano del amor”, 1967 timbró álbumes que cambiaron el rumbo de la música popular. Entre ellos, “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band“, de The Beatles; “The Piper at the Gates of Dawn“, de Pink Floyd; “Are You Experienced“, de Jimi Hendrix Experience, y el debut homónimo de The Doors. “Pero también tenías a Motown (el sello de música negra de Detroit) en su mejor momento; 1967 fue un año peak para Stax (sello de soul, blues y jazz con base en Memphis). Otis Redding pasó de ser una estrella de rhythm and blues a conectar con las radios pop con la canción ‘(Sittin’ On) The Dock Of The Bay’. Y, por supuesto, también tenías el Monterey Pop Festival, el primer gran festival de música pop que estaba diseñado para darle vitrina a la música nueva”.

En 1967, Fricke era un adolescente de 15 años, que vivía en Filadelfia. En mayo de ese año escuchó por primera vez “A Day in The Life”, de The Beatles, cuando una radio local contactó a alguien de Londres que tenía una copia de adelanto de “Sgt. Pepper’s” y pasaron el disco completo por teléfono. Dos semanas más tarde escuchó “Purple Haze”, de Jimi Hendrix. “En ese año, las cosas parecían cambiar, y ser excitantes, literalmente, todos los días”, dice. “Hoy las cosas cambian todos los días, pero dejan una huella menor. Una semana eres una estrella de YouTube, pero a la siguiente estás terminado. No estoy seguro de que, realmente, hayamos resuelto cómo hacer un arte duradero en una cultura que pareciera tener una menor capacidad de atención”.

-¿Por qué 1967 es el año más importante?

“No es solo por lo que ocurrió en la música pop. También es por el hecho de que la música nació en una época, y en un año, en que muchas cosas estaban ocurriendo alrededor de ella. La música lo reflejaba y, en realidad, estaba empujando la historia. Las canciones influenciaban a las personas para tomar medidas y las canciones también reflejaban las acciones que la gente hacía. El feminismo todavía no era una palabra, pero no había duda que las mujeres crecieron viendo todo lo que ocurría alrededor de ellas, particularmente con los derechos civiles, y pensaron: ‘hey, ¿dónde están los míos?’. En cierto sentido, lo que 1967 hace es que resume no solo todo lo que ocurre en un año, sino que representa un pico de optimismo que marcó todo lo que ocurrió después de esa fecha”.

El arte y la tecnología

Desde finales de 1968, cuando compró sus primeros números, Fricke tenía el sueño de trabajar en Rolling Stone. Fue el inicio de un largo camino, que lo elevó al panteón de las grandes plumas de la revista, con Lester Bangs, Greil Marcus, Hunter S. Thompson y Paul Nelson. “Un impacto fundamental que tuvo Rolling Stone sobre mí fue que me hizo querer escribir sobre música y, ojalá, hacerlo con su integridad e impacto”.

En octubre de 1993, el periodista fue uno de los últimos que entrevistó a Kurt Cobain. Fue en un hotel de Chicago, en plena gira del disco “In Utero“. “Hablamos más de dos horas, todavía tengo las cintas originales”, recuerda. “El segundo concierto que había dado Nirvana no había sido bueno, al punto que ni siquiera tocaron ‘Teen Spirit’. Aún así, él (Cobain) todavía estaba dispuesto a hablar largo y tendido. Él venía saliendo de rehabilitación y tenía un claro sentido de sí mismo que, obviamente, cambió seis meses después. Yo esperaba con muchas ganas tener otra conversación con él y eso nunca ocurrió. Y, a nivel personal, esa fue una de las tragedias”.

-¿Cree que veremos otro fenómeno como Los Beatles o Nirvana, en términos de su impacto en la sociedad?

“Es algo que no se debería descartar. Este tipo de cosas sucede cuando no estás mirando. Cuando Nirvana apareció, pilló a todo el mundo con los pantalones abajo. Todo el mundo decía ‘el rock está muerto’, y Kurt Cobain, Eddie Vedder y el resto dijeron: ‘no, en realidad, no lo está’. Otis Redding o Jimi Hendrix no pueden aparecer de nuevo, porque ya no están aquí. Pero las personas que aprendieron de ellos, tal vez aprendieron algo tan profundo, que van a cambiar todas las cosas de nuevo. ¡Eso es lo que hicieron Los Beatles! Chuck Berry, Elvis, Buddy Holly y Ruth Brown cambiaron las cosas en una dirección. Los Beatles escucharon esos discos y decidieron: ‘esta es la forma en que nosotros queremos hacerlo’. ¡Lou Reed era un fan del doo-wop y lo transformó en algo completamente diferente! Pienso que hoy el impacto se ha diluido un poco por la influencia de la tecnología y los medios. La gente está tan fascinada con sus juguetes que no pone atención al arte. Cuando se aburran de sus juguetes, ahí es cuando el arte va a tener un efecto”.

“Lou Reed pensaba que los periodistas eran tontos”.

Hendrix, el mejor: “El año 2003 hice una lista de los 100 mejores guitarristas de la historia para Rolling Stone. Jimi Hendrix fue el número uno. En lo que a mí respecta, es el más grande de todos los tiempos y todo el resto es el número dos. Él representa algo que fue tan profundamente nuevo, excitante y expresivo en el instrumento, que hizo que yo mismo quisiera aprender a tocar guitarra. Y él fue gran parte del motivo por el que quise escribir sobre música”.

El sargento Pimienta: “‘Sgt. Pepper’s’ es un disco con el que, ahora, la gente tiene opiniones divididas. Fue un disco concebido en un período muy optimista y experimental. Los Beatles eran el grupo pop más grande del mundo y salieron con un disco que era profundamente distinto a cualquier cosa que habían hecho y que también parecía representar una cultura juvenil que estaba al borde de algo transformativo y definitivo. Conozco personas que ahora dicen que ‘Sgt. Pepper’s’ fue la muerte del rock, porque tiene muchos violines. ‘¿Dónde están las guitarras eléctricas y el fuzzbox ?’. Yo digo, ‘hey, el hombre no se mira solo por la distorsión'”.

Lou, el cascarrabias: “A comienzos de los 80, entrevisté por primera vez a Lou Reed. Años después, volví a la carga para un artículo en Rolling Stone. Y él dijo: ‘en el otro artículo pusiste tal y tal cosa y no era verdad’. Me hizo pasar un muy mal rato por el hecho de ser periodista, cosa que le encantaba hacer con los periodistas en general. Yo le dije: ‘ man , no quiero que sientas como que te estoy insultando. Si quieres que me vaya, me voy’. Y él me miró y dijo: ‘ok. Hazme una pregunta’ (risas). La entrevista fue bastante decente y, posteriormente, tuvimos otra conversación. Después de eso, nos llevamos bien. No era que él no tolerara a los periodistas, sino que no toleraba a los tontos. Y él pensaba que muchos de los periodistas que lo abordaban eran, básicamente, tontos. Él se dio cuenta de que a mí me importaban la música y el arte, y que respetaba lo suficiente al artista como para hacer la entrevista de una forma en que esta fuese un resultado mutuo”.

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