Los Vidrios Quebrados reviven en blanco y negro

Al cumplirse medio siglo de su disco “Fictions”, un libro recopila fotografías inéditas de una banda que rompió moldes en los 60. Guillermo Tupper.

(Artículo publicado en el Cuerpo Vidactual de El Mercurio. Agosto de 2017)

Con una memoria privilegiada, el bajista Cristián Larraín recuerda aquella mañana de otoño de 1967, cuando Los Vidrios Quebrados tuvieron su sesión fotográfica más importante. Ataviados con largos abrigos oscuros, el cuarteto capitalino fue retratado por el lente de dos aficionados, Juan Casassus y Nicolás Luco, en el Parque Juan XXIII de Ñuñoa. “Fue un día con buena luz, e, incluso, nos vestimos un poquito más ad hoc “, recuerda. “Los fotógrafos nos fueron diciendo dónde y cómo colocarnos, un poco imitando a Los Beatles en la película ‘A Hard Day’s Night‘. Si tú miras las fotos, hay algunas similitudes”.

En septiembre de ese año, cuatro de esas imágenes fueron incluidas en la portada y contraportada de “Fictions“, el primer y único LP de la banda, y que marcó un hito en el rock chileno al ser el primero compuesto íntegramente por sus intérpretes. Sin embargo, el grueso de este registro fotográfico estuvo perdido por casi medio siglo, hasta que los negativos llegaron a las manos del cantante Juan Mateo O’Brien. “Estaban muy bien protegidos cuando los recibí”, dice este último. “Cuando nos tomamos esas fotos, la idea no era aparecer riéndonos, sino tener caras medio hurañas, como de chicos malos (risas). Era la estética de esa época”.

Tras recoger este archivo, O’Brien se lo entregó a Aldo Benincasa -ex The Ganjas y avezado fotógrafo de rock- quien digitalizó el material. Y, posteriormente, Gonzalo Planet -bajista de Matorral y autor de la investigación “Se oyen los pasos“- llevó este hallazgo al papel. El resultado es “Ficciones: Los mil días de Los Vidrios Quebrados” (Libros del Pez Espiral, Cápsula Discos), un libro que recopila cerca de 50 imágenes inéditas del grupo y será lanzado oficialmente a comienzos de septiembre. La fecha será la excusa para que O’Brien y Larraín suban juntos por primera vez a un escenario desde los 60 y, acompañados de una banda de apoyo, interpreten “Fictions” completo, en una jornada donde recordarán a sus fallecidos compañeros Juan Enrique Garcés y Héctor Sepúlveda.

Además de las fotografías en blanco y negro, el libro incluye recortes de prensa de la época y textos del propio Planet y O’Brien en formato bilingüe español-inglés. “La idea surgió porque, primero, el disco de Los Vidrios Quebrados está cantado en inglés”, dice Planet. “Pero, principalmente, porque hay mucho público de la banda en el extranjero. De hecho, la más reciente reedición de ‘Fictions’ la hizo el sello Lion Productions, en Estados Unidos, una edición muy bien cuidada como nunca se hizo en Chile. Pensamos que podría funcionar para el público local y también para afuera”.

Un disco bisagra

A pesar de que nunca alcanzó el éxito masivo, “Fictions” es un disco que rompió varias barreras en la industria musical chilena. En una época en que los sellos locales todavía le exigían a las bandas tocar covers , Los Vidrios Quebrados grabaron con el pequeño sello UES Producciones -una subsidiaria de la multinacional RCA, destinada a publicar proyectos universitarios- para tener libertad creativa. “El disco se mantuvo como una pieza de culto por dos razones: primero, porque tuvimos la buena o mala suerte de salir el mismo mes en que salió ‘Sgt. Pepper’s‘ (de Los Beatles) y pasamos un poco desapercibidos”, dice Larraín. “Y, a poco andar, esta música rockera fue perdiendo espacio por la música más contingente y todos los cambios políticos del país”.

Además de lograr un sonido con toques de beat y folk rock, la banda se distinguía de sus pares por sus dos motores creativos: el aventajado guitarrista Héctor Sepúlveda, quien fue el director musical de “Fictions”, y el rico imaginario de las letras de O’Brien. “Mi papá era hijo de irlandés y me leía mucho a (Oscar) Wilde. Y, por otro lado, mi mamá escribió tres novelas. Y yo tomé de ellos este amor por la palabra escrita”, dice el cantante. “Aporté mi granito con las letras en inglés, que eran atingentes a cosas que importaban en esa época, y que todavía importan hoy, como la diversidad”.

A pesar de que la banda tuvo corta vida, el legado de “Fictions” creció con el paso del tiempo. En las últimas décadas, el disco fue reeditado en países como Japón, Bélgica, Inglaterra, Estados Unidos y España. “Cuando vi estas fotos, fue sumamente divertido verse tan joven y con tantas ganas de hacer cosas”, reflexiona Larraín, quien hoy labora como radiólogo en la Clínica Alemana y el Hospital del Trabajador. “Reescuchando ‘Fictions’ me doy cuenta de que tiene cosas muy interesantes y los arreglos son bastante complicados. Me asombra cómo se construyó este material en un tiempo en que solo teníamos el entusiasmo y el espíritu amateur”.

“Estábamos en una onda de reconstruir el mundo”

Diez años antes de inmortalizar a Los Vidrios Quebrados, Juan Casassus fue parte de uno de los primeros conjuntos rock que hubo en Chile: Headliners, una banda que tuvo hasta un fan club . “El 67 estuve sacando fotografías y la familia de Cristián Larraín nos contactó para hacer una sesión con la banda”, dice el filósofo y doctor en Sociología de la Educación. “En ese momento, yo estaba influenciado por dos cosas muy fuertes: la película ‘Blow-Up‘ y Los Beatles. Tú puedes reconocer ese tipo de estética en las fotos”.

La dupla Casassus-Luco también retrató los vitrales de la capilla del colegio Verbo Divino, los mismos que fueron la base del collage de la icónica portada de “Fictions”. “Los 60 eran un instante de renovación tremenda y estos amigos, a quienes yo conocí de rebote, estaban en una etapa de creatividad muy fuerte”, relata Luco, periodista y columnista semanal de “El Mercurio“. “En las fotos, tú ves la agresividad creativa de estos gallos. Estábamos todos en una onda de reconstruir el mundo”.

Además de la sesión en el Parque Juan XXIII, el libro de Gonzalo Planet incluye una serie de instantáneas capturadas en una casa de calle Cienfuegos que pertenecía a la familia del baterista, Juan Enrique Garcés. “Hay fotos de la cotidianeidad de la banda, probablemente en momentos previos a los ensayos”, cuenta el autor.

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