“Lo que era un insulto, se transformó en algo cool”

Andy Bell —co-fundador de los británicos Ride— habla del primer disco de la banda en dos décadas y del renovado interés por el shoegaze. Guillermo Tupper.

(Artículo publicado en el Cuerpo Vidactual de El Mercurio. Julio de 2017)

En 1988, Andy Bell cursaba estudios de arte y diseño en Banbury (Inglaterra) cuando, junto con tres amigos, formó Ride, un cuarteto rockero que, en más de algún sentido, estaba inspirado por su bagaje en las aulas. “Hay un enfoque artístico que se cruza con la música y que te entrega ciertas técnicas que puedes usar fácilmente y transferir desde lo visual a lo sonoro”, dice el guitarrista. “Es una cosa casi instintiva imaginar hacer música como si estuvieses pintando sobre un lienzo. Cuando ya estábamos haciendo música como banda, los profesores de la escuela de arte se daban cuenta de que ya no íbamos más a clases. Aquellos que eran un poco más relajados nos decían: ‘lo que están haciendo, todavía es arte. Sigan haciéndolo’”.

Inspirados en las olas de distorsión de bandas británicas de los 80 (My Bloody Valentine, The Jesus and Mary Chain, Spacemen 3), pero incorporando sus propias armonías vocales, Ride ayudó a definir un estilo conocido como “shoegaze”. Este fue un término acuñado por la prensa británica para aunar a una serie de grupos cuyos integrantes permanecían en pose estática, a menudo con la cabeza baja, debido al uso intensivo de pedales de guitarra que agregaban distintas texturas a su sonido. “Al principio, creo que lo usaban como un tipo de insulto”, dice Bell. “Era un término nuevo y, si lo pienso, no había un estilo complementario en la radio. Pero el tiempo pasa y, lo que era un insulto, se transformó en algo cool. Especialmente en América: estuvimos separados por veinte años y, durante ese tiempo, el shoegaze se convirtió en un género legendario para algunas personas”.

Tras el final de Ride, en 1996, Bell formó Hurricane #1, un proyecto de corta vida, antes de sumarse como bajista de Oasis, por casi una década, y, luego, secundar a Liam Gallagher en Beady Eye. El co-fundador del grupo, Mark Gardener mantuvo una silenciosa carrera como solista y el bajista Steve Queralt abandonó la música para enfocarse en otros intereses. Hasta que, en noviembre del 2014, la banda anunció una gira de reunión que los introdujo a una nueva legión de seguidores. “Estoy muy feliz de observar esto. Estaban los fans originales, por supuesto, pero también gente nueva”, dice. “En retrospectiva, yo nunca tuve la impresión de que éramos tan populares. Luchábamos por ser más grandes y tuvimos un poco de éxito tempranero, con nuestros primeros dos álbumes (“Nowhere” de 1990 y “Going Blank Again” de 1992). Pero, básicamente, para la época en que nos separamos, parecía que a nadie en el mundo le importaba en absoluto. Definitivamente, hubo una mejoría”.

El 16 de junio pasado, Ride coronó su regreso con la salida “Weather Diaries”, su primer disco en veintiún años, y el más político, con letras que disparan contra el Brexit y Theresa May. Producido por el DJ británico Erol Alkan, su tradicional “muro de sonido” fue reforzado por sintetizadores y ambientaciones electrónicas. “Los músicos electrónicos tienen distintas prioridades con la música y la abordan desde un ángulo diferente, aún cuando sea música rock”, dice. “En ese sentido, Erol no nos decepcionó en absoluto: si tomas una canción como ‘Charm assault’, por ejemplo, en la superficie, tiene un sonido rock bastante estándar, pero lo que él trajo fueron las diferentes texturas. Él la cambió, y la editó, de una forma no natural. Es como la edición de un DJ”.

—Usted era reticente a la idea de una reunión. ¿Qué cambió en el camino?

“Supongo que el tiempo cambia tu manera de pensar. Las situaciones cambian… Yo estaba bastante en contra de la idea, pero vi que volvían The Stone Roses, My Bloody Valentine, Slowdive… Parecía haber un cierto cambio en la calidad de los regresos, aunque no sé si esto aplique en mi caso. Empezamos a sentir, con los ex integrantes de Ride, que, si el tiempo era el adecuado, probablemente lo haríamos. Y, luego, tuvimos esta gran oferta y el tiempo era el correcto para nosotros”.

El llamado

A los 4 años, Bell ya manipulaba su primer instrumento musical: el ukelele. “Hay una fotografía mía, sosteniendo uno en el jardín, cuando era un niño diminuto. Era, básicamente, como un juguete. Solía aporrearlo, más que tocarlo, y nunca aprendí los acordes”, cuenta. “Cuando tenía 9, me dieron una pequeña guitarra y, a partir de entonces, empecé a aprender”.

La gran revelación vino en su adolescencia, cuando escuchó por primera vez a The Smiths, en la Radio 1 de la BBC. “En marzo, hicimos una sesión acústica con Mark (Gardener) para la DJ Janice Long, quien hoy trabaja en Radio 2. Ella puso a The Smiths en 1983 o 1984, cuando los escuché por primera vez”, relata. “Y fue como escuchar el llamado, ¿sabes? Johnny Marr era el guitarrista cuyo estilo quería imitar y solía sentarme y aprenderme sus partes de la radio o casetes. Él fue mi primera inspiración como guitarrista”.

Cuando Ride daba sus primeros pasos, sus influencias directas eran bandas que habían aparecido justo antes que ellos. “Especialmente, Spacemen 3. Ellos hicieron que me comprara un pedal wah-wah”, cuenta Bell. “Estábamos tratando de llegar a las raíces de esa música. Creo que las primeras canciones que aprendimos fueron de The Stooges. El primer ensayo que tuvimos fue, básicamente, aprender a tocar ‘I Wanna Be Your Dog’. Y esa es, más o menos, la misma música que hacemos nosotros. Incluso The Beatles utilizaban técnicas de ruido, si las quieres llamar así. Nosotros utilizamos ese sonido para hacer canciones pop”.

—¿Por qué cree que el shoegaze es revisitado por las nuevas generaciones?

“Pienso que es una definición libre, un sentimiento, más que un conjunto estricto de reglas. Si tú quieres tener reglas estrictas, no creo que Ride califique como shoegaze. Es más abierto y más un sentimiento que obtienes de la música. Es un género más abstracto, creo. No sé por qué parece ser (un estilo) tan apto para viajar y es algo en lo cual estoy muy interesado. He escuchado de bandas en Sudamérica, Australia y, especialmente, de Japón. Cada país parece tener su particular variedad de sabor”.


“Voy a insistir para tocar en Sudamérica”

El influjo de Ride también llegó a Sudamérica. A comienzos de los 90, Gustavo Cerati era un fan reconocido de la banda y se nutrió de su sonido en la época de discos como “Dynamo” (1992) de Soda Stereo. “He oído sobre él, pero nunca he escuchado su música. ¿Cómo se escribe su apellido? Lo voy a chequear apenas termine esta entrevista”, dice Bell. “¿Las posibilidades de visitar Chile con Ride? No tengo una fecha definitiva. Voy a insistir para bajar allá, eso seguro”.

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