Chauvet: La cueva donde pintaban los hombres del Paleolítico

En abril se inauguró la réplica de la gruta ubicada en el sur de Francia y que contiene las pinturas rupestres más antiguas conocidas en el mundo. Hace más de veinte años, Jean Clottes fue el primer especialista que entró al lugar y hoy teoriza sobre los avanzados dibujos de aquellos artistas primitivos. “La cueva era un mundo supernatural”, afirma. Guillermo Tupper.

(Artículo publicado en el cuerpo Vidactual de El Mercurio. Junio del 2015)

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El 28 de diciembre de 1994, Jean Clottes — un prehistoriador y especialista en arte rupestre que trabajaba para el Ministerio de Cultura de Francia—recibió una llamada telefónica que interrumpió su descanso de fin de año. Desde el otro lado de la línea, Jean-Pierre Daugas —un colega que las oficiaba como Conservador Regional de Arqueología en la región del Ródano-Alpes— le dijo que un tal Jean-Marie Chauvet, junto a dos amigos exploradores, había descubierto una cueva con cientos de pinturas. “Suena un poco divertido, porque él (Chauvet) asegura que hay un montón de leones y rinocerontes”, le confesó Daugas.

Clottes lo escuchó incrédulo. Si bien los leones y rinocerontes fueron pintados en la antigüedad, existían muy pocas imágenes de ellos en otras cuevas. “Y este tipo decía que había decenas”, recuerda. “Yo dije ‘OK, voy a ver eso después del 1 de enero’. Y él me responde ‘no, no, tienes que venir inmediatamente, porque es importante’. Así que, ese mismo día, tomé el auto y manejé los 400 kilómetros que separaban el lugar de mi casa en Foix, un pequeño poblado a los pies de los Pirineos franceses”.

A la mañana siguiente, Clottes fue a visitar la gruta junto a Daugas y los tres exploradores. Y, cuando ingresó al lugar, lo primero que vio fueron unos enormes puntos rojos grabados en las paredes. “Más tarde, cuando trabajamos en la cueva, pudimos resolver que estos fueron hechos con la palma de una mano”, rememora. “Había un montón de leones, rinocerontes y mamuts. Pude darme cuenta desde un principio de que esto no era una falsificación. Era genuino y prehistórico”.

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Lo que el científico francés tenía frente a sus ojos era una de las mayores cuevas paleolíticas del planeta. Ubicada cerca de la pequeña localidad de Vallon-Pont-d’Arc, junto al río Ardèche, la cueva Chauvet —bautizada así en honor su descubridor— contenía las pinturas rupestres más antiguas conocidas en el mundo. Debido a un desprendimiento de rocas, la cueva quedó aislada del exterior y eso permitió que los dibujos se conservaran en perfecto estado durante 32 mil años. El hallazgo motivó al cineasta Werner Herzog a rodar un documental en su interior llamado “La cueva de los sueños olvidados” (el filme se estrenó el 2010 y hoy se puede ver en YouTube) y la Unesco la nombró Patrimonio de la Humanidad en junio del 2014.

En su primer informe para el gobierno francés, Clottes concluyó que Chauvet no debía abrirse para el público por razones de preservación. Por eso, en 1995, el Estado galo anunció la construcción de un proyecto que mostrara su importancia. Una idea que se materializó recién el 25 de abril pasado, con la apertura de una réplica de la cueva ubicada a 2,4 kilómetros de la original. Por razones económicas, esta solo tiene 3.400 metros cuadrados de superficie —la verdadera posee 8.500 metros cuadrados—, pero sus túneles más importantes fueron reproducidos en su tamaño natural. La expectación fue tan grande que, según Clottes, los turistas coparon la demanda de visitas por los próximos tres meses.

“Tomó mucho tiempo hacer la réplica porque es caro y tenían que encontrar el financiamiento. Eventualmente, el monto final fueron 55 millones de euros”, dice Clottes, quien además fue el presidente del Comité Científico Internacional que asesoró la réplica. “Con el Comité fuimos hace unos dos meses, cuando estaba casi lista, y quedamos impresionados con los resultados”.

Un portal a otro mundo

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Cuando Pablo Picasso visitó por primera vez Lascaux —las cuevas descubiertas en 1940 en el suroeste de Francia y que tenían pinturas que datan del Paleolítico superior— dijo que aquellos artistas del pasado “lo habían inventado todo”. En tiempos donde el ser humano todavía era una criatura marginal que subsistía mediante la recolección de plantas y la caza de pequeños animales, estos hombres primitivos crearon un nuevo lenguaje de signos, un bestiario de amplio repertorio y hasta usaban andamios y lámparas con grasa de animal para iluminar su lugar de trabajo.

Para Clottes, los artistas que pasaron por Chauvet —cuyas pinturas casi doblan en antigüedad a las de Lascaux— innovaron con técnicas muy sofisticadas. “Por ejemplo, usaban la perspectiva para reproducir las piernas de los animales o la relación entre varios de ellos”, afirma. “A través del esparcimiento de la pintura, le daban sombra al interior de las caras y cuerpos de los animales para darles relieve y resaltarlos. Esta técnica se llama stump-drawing. Y ellos la inventaron”.

venuschauvet El hombre de Chauvet habitaba un planeta que tenía muy pocos seres humanos y estaba dominado por animales formidables y aterradores. En aquella época pululaban mamuts, rinocerontes, leones y osos que, cuando se paraban en dos patas, medían más de tres metros. En medio de ese entorno, el cazador recolector ocupaba las cuevas como un santuario para hacer sus propios rituales. “Ellos no vivían en las cuevas”, sostiene Clottes. “Iban ahí repetidamente, tenían sus ceremonias y hacían fuego, pero vivían afuera. Nuestra hipótesis más probable es que los animales representaban a sus dioses y sus espíritus sobrenaturales”.

—¿Es posible que la mayor parte del arte prehistórico fuese producido en el contexto de prácticas chamánicas?

“No estoy 100% seguro, pero es la hipótesis más posible. Una gran mayoría de las culturas de cazadores recolectores que conocemos tenía una religión de tipo chamánico. A diferencia de otras religiones, en el chamanismo las personas creen que el mundo es fluido, es decir, que las cosas no son fijas. El animal puede convertirse en hombre y el hombre puede ser un animal. Y el segundo punto es que el mundo es permeable, o sea, el hombre puede viajar a otros mundos y los espíritus pueden venir al nuestro. En muchas culturas, la cueva era considerada como un mundo supernatural. Por eso, ingresar a una de ellas era muy parecido a entrar a otro mundo”.

El precedente de Lascaux

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En el siglo XX, el descubrimiento de arte paleolítico más resonante en Francia fue Lascaux (foto), un conjunto de cuevas ubicadas cerca del pueblo de Montignac y que contenían pinturas de más de 17 mil años de antigüedad. El lugar fue abierto al público en 1948, pero esa decisión tuvo consecuencias nefastas. “En esa época, la gente no tenía experiencia en este tipo de cosas”, dice Clottes. “Un día podían tener 1.500 visitantes y, si ese número se repite día tras día, cambia por completo el clima de la cueva. Empezaron a crecer hongos y las pinturas se degradaron”.

En 1963, Lascaux cerró al público para preservar su arte. Y en 1983 se inauguró “Lascaux II”, una réplica ubicada a 200 metros de la original y que, hasta hoy, recibe entre 200 y 250 mil visitantes por año. “La réplica de Lascaux es excelente, pero no tiene la misma escala que la de Chauvet”, afirma el experto francés. “El tamaño de esta última es mayor y, por lo tanto, es una réplica mucho más ambiciosa”.

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