Sylvie Simmons: la chica que escribe de rock

Biógrafa de músicos legendarios como Leonard Cohen, Neil Young y Serge Gainsbourg, esta veterana periodista británica acaba de lanzar su disco debut, un puñado de canciones íntimas tocadas con su ukelele. En esta entrevista exclusiva, desclasifica sus giras con Black Sabbath en los 70, los últimos momentos de Johnny Cash y el día en que fue insultada por Lou Reed. Guillermo Tupper.

(Artículo publicado en el cuerpo Vidactual de El Mercurio. Enero del 2015)

Sylvie Simmons recuerda, como si fuera hoy, un episodio que la marcó para el resto de su vida. Todavía era una estudiante cuando, a comienzos de los 70, unos amigos le pidieron subir al escenario para versionar canciones de Joni Mitchell, la cantante folk canadiense que acababa de lanzar su disco “Blue”. En el pub no habían más de siete personas y, cuando notó que todos la miraban fijamente, ella simplemente se quedó paralizada. “Pensé que iba a morir”, recuerda, al teléfono para “El Mercurio“. “Y dije ‘nunca, nunca, nunca más, haré esto de nuevo. Seré una periodista de música’. La premisa de que somos músicos frustrados es cierta, ¿sabes? (risas)”.

Durante las cuatro décadas siguientes, Simmons se convirtió en una de las plumas más reconocidas del periodismo musical. Escribió en revistas como “Creem”, “Sounds”, “Mojo” y “Kerrang!”, además de biografías a músicos complejos y enigmáticos como Neil Young (“Reflections in broken glass”) y Serge Gainsbourg (“A Fistful of Gitanes”) y una colección de historias cortas ambientadas en el mundo del rock (“Too weird for Ziggy“). Su última entrega fue “Soy tu hombre: la vida de Leonard Cohen” (2012), una completa biografía al músico y poeta canadiense que obtuvo elogios unánimes de la crítica. Mientras The New York Times la calificó como una “hipnotizante obra de amor”, la revista Rolling Stone la describió como “la biografía que Cohen merecía hace largo tiempo y que hace prácticamente innecesario cualquier libro anterior que se haya escrito sobre él”.

soytuhombrePara Simmons, “Soy tu hombre…” fue el proyecto más complejo de su vida. El libro le tomó tres años e incluyó jornadas extenuantes donde trabajaba desde el amanecer hasta las 2 de la mañana y, a veces, sin detenerse a comer. Mientras el propio Cohen le dio un apoyo irrestricto a su investigación, su editorial no estaba muy convencida en hacer una gran difusión. Por eso, la autora decidió hacer una gira promocional a su modo. No solo era la oportunidad para escapar del encierro. También para tomar su ukelele y enfrentar su miedo histórico al escenario y las cámaras.

“A medida que envejeces, aprendes a fingir que no estás asustada. Y pensé que viajar y limitarme a leer capítulos del libro iba a ser una cosa muy aburrida para el público. Así que decidí cerrar mis ojos y tocar canciones de Leonard Cohen”, afirma. “Usualmente, cierro mis ojos cuando canto (risas) y así no veo a nadie. Después de un año girando por el mundo con mi ukelele y mi libro, me di cuenta que había superado el pánico escénico. Y la experiencia fue mucho más libre y divertida”.

Tucson trailer  copy 2Tras superar sus temores, Simmons decidió transgredir otra regla: aquella que dice que los periodistas de música no deben hacer -ni menos editar- su propia música. A finales del año pasado, lanzó “Sylvie”, su disco debut, un puñado de canciones íntimas y frágiles que hablan de amores perdidos. Simmons empezó a componer el 2007, tras mudarse a un viejo departamento estudio en San Francisco (California) y dejar todas sus pertenencias en Inglaterra. Hasta que una noche conoció a un hombre que olvidó un ukelele en su hogar y descubrió su nuevo instrumento favorito.

“Al final, (el hombre) se llevó su ukelele pero, a la semana siguiente, me regaló uno. Yo creo que solo lo hizo para deshacerse de mí”, dice, entre risas. “Y se volvió extrañamente mi instrumento. Era tan íntimo y diminuto, los vecinos no se quejaban porque era muy suave y, de alguna forma, sacó cosas de mí que ningún otro instrumento había logrado antes”.

-¿Cuándo supiste que tenías un disco?

– Me cambio mucho de ciudad y, donde quiera que viva, si sé que hay un músico de visita, lo invito a cenar y pasar el rato. Ellos agarraban el ukelele, se ponían a improvisar conmigo y me decían ‘deberías grabar tus canciones y hacer algo con ellas’. Y yo les decía ‘no, no, soy muy tímida’. La persona que se interesó de forma activa y real fue Howe Gelb, de (la banda estadounidense) Giant Sand, un músico al cual admiro enormemente.  Cuando hice el tour para promocionar “Soy tu hombre…”, llevé mi ukelele, pero solo toqué canciones de Leonard Cohen. Cuando volví, le pregunté a Howe ‘¿todavía quieres hacerlo?’. Y me respondió: ‘estoy agendando un estudio para la próxima semana, en caso de cambies de idea’. Lo grabamos en vivo y nos tomó dos días y medio. Estaba aterrorizada por mostrar mis canciones al público, pero la respuesta en los shows ha sido maravillosa.

El encantador de serpientes

SS & LC, pic by LC on imac

A mediados de lo’60, Simmons vivía en Londres y era una niña que amaba a los Beatles. En esa época, solo tenía dinero para comprar singles y su introducción a la música norteamericana fue con “The rock machine turns you on” (1968), un compilado de Columbia Records que incluía canciones de Bob Dylan, Simon and Garfunkel y otros próceres del sello. “El álbum era fantástico y lo vendían al mismo precio de un single”, recuerda. “Lo compré y Leonard Cohen figuraba con una canción llamada ‘Sisters of mercy’. Recuerdo la sensación de ser tomada por el cuello y ser levantada hasta el techo. Había algo tan intensamente conmovedor en su voz, era casi hipnótica. Lo mantuve en mi mente por diez meses, hasta que llegó mi cumpleaños y dije ‘quiero su disco’. Era su álbum debut (“Songs of Leonard Cohen”, de 1967) y, en la portada, lucía como un poeta español muerto. ¡No era nada parecido a los Beatles! Fue un shock inicial, pero el disco lo escuché tantas veces, que lo terminé rayando. Todavía lo conservo en ese estado”.

Para reconstruir su historia, Simmons decidió seguir la ruta itinerante de Cohen a lo largo de su vida: desde el apacible vecindario judío de su natal Montreal hasta las costas de Hydra (Grecia), pasando por la Cuba post-revolucionaria  y el monasterio zen cercano a Los Ángeles, donde el cantante se refugió durante seis años en los 90 para encontrar su cura espiritual. “Una canción pop de un músico neozelandés llamado Neil Finn dice ‘no importa donde vayas, siempre llevarás el clima contigo’. Emocional y artísticamente, Leonard permanecía mucho en el mismo lugar. Creo profundamente que él trataba de escapar de su depresión clínica. Él me describió que llegó al extremo de despertarse todas las mañanas y preguntarse ‘¿cómo puedo pasar este día?’. A menudo, ese sentimiento de moverse y escapar –ya sea geográfica o espiritualmente- tenía que ver con sacudir sus propios demonios”.

Leonard Cohen GI

-Cohen volvió del retiro luego de que su manager le robara un montón de dinero. ¿Sientes que la de él es una historia de redención?

-Es, en parte, una historia de redención. Tengo una biblioteca llena de libros de músicos y las grandes historias del rock n’roll tienden a ser tragedias y terminan en muertes, desesperanza o van cuesta abajo en la rodada. Pero hay unos pocos músicos que resucitan al final de ese camino. A otro músico que le pasó eso fue a Tom Waits, quien fue contratado por un sello punk cuando tenía más de 50 años y después obtuvo sus primeros Grammys. Leonard Cohen era adorado en Europa y otras partes del mundo, pero no era tan querido en Norteamérica. Él realmente obtuvo atención cuando editó (el disco) “I’m Your Man” en 1988. Este resurgimiento al final de su vida -donde tiene las mayores audiencias de su carrera, la gente compra sus novelas y recibe un océano de afecto donde quiera que vaya- es una rareza. En su tour de regreso, por primera vez en su vida, él se curó de su depresión y fue capaz de presentar su trabajo y presentarse a él mismo con una cierta alegría y aceptación. Como la mayoría de los depresivos, él es un perfeccionista y muy inseguro sobre su lugar en el mundo y cómo su trabajo es recibido. Hoy es un hombre feliz, tiene 80 años y trabaja a un ritmo más prolífico que cualquier otra etapa en su vida.

-Además de Cohen, has escrito biografías de Neil Young y Serge Gainsbourg. ¿Qué características debe reunir un músico para que decidas escribir un libro acerca de él?

-¡Es una pregunta muy interesante! No puedo imaginarme escribiendo un libro acerca de Bob Dylan porque hay muchos libros buenos sobre él y muchos ángulos distintos ya han sido examinados. Cuando escribí mi libro sobre Neil Young, había uno bueno de Johnny Rogan (“Zero to Sixty“) y no mucho más. El de Serge Gainsbourg lo hice quizás por la misma razón que el de Leonard Cohen: era alguien que me fascinaba increíblemente, era poco valorado y no había suficientes libros acerca de él. De cierta forma, yo solo escribo de personas de las que estoy un poco enamorada. El tipo de hombres que me gustan en la vida real tienen a ser personajes complejos, muy individualistas y tienen una forma propia y única de hacer las cosas. En mi vida romántica eso me trajo desesperanza e inspiró algunas buenas letras románticas (risas) pero, en mi vida como escritora, siento que son personas fascinantes. Trato de ir hasta debajo de su piel y entenderlos.

“Los rockeros pesados son los más caballeros”

Black-Sabbath

Cuando salió del colegio y llegó la hora de buscar su primer empleo, la pequeña Sylvie hizo una lista de todos los trabajos que no quería hacer en su vida. La lista empezaba con ‘profesora en un colegio’ –a la que tachó con una cruz de inmediato- y, entre las últimas opciones, estaban ‘escritora’ y ‘músico’. “Ser músico no iba a funcionar, porque me daba miedo el escenario. Y leí un aviso en un diario en Inglaterra donde buscaban a alguien que escribiera sobre música pop para una revista”, recuerda. “Escribí un par de cosas y dije ‘quiero ser una periodista de rock’. En Inglaterra, aparentemente, tenías que ser hombre para eso. No sabía que tener un pene era un requisito, pero sí lo era. Así que viajé a Los Angeles (California) e, inmediatamente, obtuve un trabajo”.

-Es curioso, porque te fuiste de Inglaterra justo cuando el punk llegó a Londres…

 Es gracioso, ¿no? Ahora puedo decirlo pero, en su momento, no me gustaba nada el punk. Me gustaban ciertas canciones como “God save the queen” (de The Sex Pistols) y amaba a The Clash, aunque siempre los consideré una banda de rock, no de punk. Pero fui a un par de shows y estaban todos estos niños feos, delgados y llenos de acné escupiendo a la gente –incluso a mí-, saltando y empujándose los unos a los otros. Era demasiado peligroso para una niña inglesa de 20 años como yo. Para ese tiempo, estaba obsesionada con Neil Young y un montón de música de Estados Unidos. Mi pensamiento era ‘quiero vivir en Laurel Canyon y ser una señorita del Canyon’ (en referencia a ‘Ladies of the Canyon’ de Joni Mitchell)”.

stevienicks-En los’70, probablemente las únicas mujeres que tenían acceso a los rockeros eran las groupies. ¿Cómo lidiaste en medio de ese entorno tan hostil para una periodista mujer?

-Eso es muy cierto. Una vez hice un artículo a Stevie Nicks para Creem Magazine y el texto era un poco cáustico y sarcástico. Poco tiempo después, ella se me acercó en el backstage de un concierto, y me dijo: ‘¿sabes, Sylvie? Nosotras, las mujeres del rock, debemos permanecer juntas’. Fue muy bueno tener ese regaño de parte de ella. No habían muchas mujeres en el rock y, básicamente, su lugar era estar chillando en las primeras filas del público o haciendo mamadas en el backstage. Algo bueno de ver todo eso es que mantuve firme mi comportamiento ético frente a las bandas, porque sabía donde habían estado. Y no había suficiente desinfectante en el mundo para salir con alguno de ellos (risas).

-¿Algún rockero te invitó a salir?

-Oh, sí (risas). Cuando se vuelve un problema es cuando dices ‘no, gracias’ y ellos persisten. Puedo decir que los más caballeros son las bandas de heavy rock. Cuando me fui de gira con Black Sabbath, no pudieron ser más respetuosos. Fui como su hermana chica, o algo por el estilo.

-Además de Black Sabbath, compartiste de cerca con The Clash y Aerosmith. ¿Qué fue lo más raro que te tocó ver en esas giras?

-Oh, Dios, podría escribir un ensayo acerca de eso (risas). Recuerdo una de las últimas giras de Black Sabbath, con Ozzy como vocalista, cuando estaban cayéndose a pedazos. Tony Iommi –el guitarrista- quiso hacer la entrevista a las 3 de la mañana en un motel de California. Estaba sentada al lado de la piscina y podías sentir el olor a cloro saliendo de ella. Tony estaba un poco bebido, cuando unas ranas empezaron a saltar dentro de la piscina. Ozzy dijo: ‘tenemos que rescatarlas. El cloro las matará’. Y Tony saltó a la piscina, completamente vestido, y rescató ranas por varias horas (risas). Veías esos episodios dementes todo el tiempo.

“Lou Reed fue muy desagradable”

loureed

Las entrevistas de Simmons a personajes del rock podrían alcanzar para una antología de varios tomos. Entre ellas, destaca a Robert Plant (“un hombre bueno en todas las facetas”), Brian Wilson (“cada vez que le preguntaba algo de su pasado, podías ver en sus ojos lo doloroso que fue”) y Michael Jackson (“un hombre triste y perdido”). Pero una de las más memorables fue aquella con Johnny Cash, con quien estuvo en su casa en Tennessee apenas seis semanas antes de su muerte. El texto -con la última entrevista que dio Cash en su vida- fue incluido en “Unearthed“, el aclamado box set póstumo editado por Universal.

“Él (Cash) estaba en medio de un caos. Fue seis semanas después que (su esposa) June (Carter) había muerto, estaba casi ciego por un glaucoma, tenía temblor de manos y se movía en silla de ruedas. Tenía apenas 71 años, pero representaba 90. Durante cinco días tomamos desayuno y, por la tarde, iba al estudio y trataba de cantar algo y grabar con (el productor) Rick (Rubin) porque, según él, esa era la única forma de superar su dolor. Pasé un tiempo increíble con este hombre extraordinario”.

-Una de tus entrevistas más célebres fue aquella a Lou Reed en Mojo. ¿Fue la más difícil?

-No creo que haya sido la más difícil, pero sí la más decepcionante. Cuando llegué al lugar, pensé que él iba a estar muy abierto a responder las preguntas, pero lo único que abrió fue su desagradable lado oscuro. Se burló completamente de todo, no solo de la entrevista, sino también de él y su trabajo. No me molestó enfrentarme a un ser humano tan desagradable, pero sí me molestó el hecho que yo amaba a The Velvet Underground y la música de Lou Reed –todavía la admiro, no se me quitó con eso- y fue una oportunidad perdida. Es grosero hacer que una persona pierda el tiempo y vuele desde Londres a Nueva York para ser básicamente insultada. Si lees la entrevista –está en mi sitio web-, verás que fue muy difícil rescatar algo. Yo mencionaba dos palabras de la pregunta y él respondía antes de que yo terminara. No tenía forma de saber qué le iba a preguntar (risas).

-¿Cuál es tu opinión del estado actual del periodismo musical?

-No solamente está en crisis, sino que está absoluta y casi completamente jodido. Es tan malo como puede serlo. Lo único que me da un poco de satisfacción es que los jóvenes están cada vez más interesados en la música como un objeto físico. En particular, están comprando vinilos y me gusta la idea que exista un compromiso con la música y no se trate solamente de descargar cosas gratis y en baja calidad. Eso me da esperanza de que algo bueno va a salir de allí.

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