Claudio Bravo: “El mundo está lleno de miedosos”

Elegido como rostro oficial de Samsung, el capitán de la Roja recibió a “Vidactual” en un hotel de Barcelona. En esta entrevista exclusiva, habla de sus duros inicios en las inferiores de Colo Colo, la lucha por el puesto con el alemán Ter Stegen y la posibilidad de radicarse en España una vez que finalice su carrera. Guillermo Tupper.

(Artículo publicado en el cuerpo Vidactual de El Mercurio. Febrero del 2015)

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A menudo, cuando entra a la cancha del Camp Nou, Claudio Bravo (31) recuerda una imagen que lo acompañó durante muchos años. En ese recuerdo, él es apenas un adolescente y acaba de atravesar con su padre los 44 kilómetros que separan su casa de Viluco —una localidad agrícola en Buin— y el Estadio Monumental de Colo Colo. Cuando llega, mira al cielo y se encuentra con una desagradable sorpresa: debido a la lluvia, han suspendido el entrenamiento de los cadetes para no deteriorar el estado de las canchas. Y, mientras la mayoría de sus compañeros se resigna a volver a sus casas, él se niega a hacer lo mismo.

“En el Monumental cerraban las canchas porque había lluvia y no podíamos entrenar porque se rompían. Y yo me comía una hora y media de viaje para nada. Hablaba con Julio (Rodríguez, preparador de arqueros) y le decía ‘hoy quiero entrenar sí o sí, con lluvia o no’. Sacábamos diez balones y nos quedábamos a entrenar en el maicillo. Esas cosas todavía las recuerdo y muchas veces las repaso. Me da momentos de felicidad entrar al Camp Nou, ver un estadio con cien mil personas, echar la vista atrás y decir ‘mierda, hace unos años atrás estaba entrenando con lluvia y en el maicillo’”.

Tras ocho temporadas atajando para la Real Sociedad, en junio pasado Bravo fue contratado por el Barcelona, uno de los mejores equipos del mundo, a cambio de 12 millones de euros. Y en sus primeros nueve meses en el equipo culé, sus números son más que auspiciosos. Con apenas 16 goles recibidos en 26 partidos, tiene el mejor registro dentro de los porteros del torneo español y lidera la tabla de aspirantes a ganar el trofeo Zamora al mejor arquero de la liga. Su promedio de goles en contra (0,6 por partido) es uno de los mejores del Viejo Continente, estuvo 755 minutos invicto y, por si fuera poco, hace dos semanas se convirtió en el chileno con más partidos en la Primera División de España, superando el registro de Iván Zamorano.

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A pesar de estas cifras, el crédito de Bravo en el Barça pareciera ser limitado. El DT Luis Enrique optó por el alemán Ter Stegen —nueve años menor que el chileno— como el titular inamovible en la Liga de Campeones y la Copa del Rey. Sentado en una sala de reuniones de un hotel céntrico en Barcelona —donde recibe a este medio y gente de Samsung, la compañía multinacional que acaba de elegirlo como rostro—, el ex Colo Colo asume la situación con la misma sangre fría que lo caracteriza bajo los tres palos. Para él la clave es la misma que ha repetido como un mantra a lo largo de su carrera: trabajar en silencio.

bravo666“Si estuviera frustrado, me hubiese quedado en mi casa. La frustración en mi vida no existe. Uno tiene que trabajar y demostrar por qué está aquí. Es lo que trato de hacer día a día y partido a partido. Hay una competencia enorme, no solamente en mi posición, y eso lleva a que el equipo funcione bien y los resultados existan. Si no hay competencia, las cosas no funcionan”.

—¿Es bueno tener esta rotación?

“No. Generalmente, el arquero siempre quiere estar compitiendo y ver acción. Pero si el técnico lo pide de esa manera y ve que es lo mejor para el equipo, la verdad es que se respeta. Yo respeto mucho las decisiones del técnico y a mí como profesional solo me queda hacer las cosas bien”.

—¿Qué es lo más ingrato de ser arquero?

“Nada. Muchas veces la gente dice ‘uf, qué ingrato jugar de arquero’, y para mí es todo lo contrario. Es felicidad, sentirme vivo. La importancia del arquero es atajar una pelota en un momento decisivo y que los delanteros se lleven la gloria. Yo me quedo más que feliz cuando hago una buena atajada y mis compañeros hacen dos goles y ganamos el partido. No me importa si aparecí en la prensa o no, o si me alabaron o no. Me quedo con la sensación de que hice bien mi trabajo y el equipo ganó”.

Corazón valiente

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Cuando llegaba a su casa del colegio, Bravo alcanzaba a probar cuatro o cinco cucharadas del almuerzo antes de subirse al auto con su padre Marcial. Acto seguido, dormía toda la hora que duraba el viaje entre Viluco y el Monumental. El entrenamiento de los cadetes empezaba a las tres de la tarde y Marcial se quedaba a la práctica para después llevar a su hijo de vuelta a casa. En el auto, nunca había recriminaciones ni tampoco alabanzas por su rendimiento. Los dos regresaban de noche y solo quedaba tiempo para hacer las tareas, cenar y dormir. Más que una rutina exigente, era un acto de fe: Marcial era uno de los pocos que confiaba en las condiciones de su hijo, en tiempos donde casi nadie le auguraba futuro por su baja estatura.

“A veces la gente es muy cruel con los niños. Tú tienes diez años y andas con la pelota, jugando como loco y, en las fiestas familiares, yo decía: ‘Voy a ser futbolista’. Y los adultos se reían y decían: ‘¿Qué vas a llegar tú a ser futbolista? Tan pequeñito, tan flaquito. Imposible’. Y mi padre, al lado, mordiéndose la lengua. Pero hoy es diferente y yo sé que él lo disfruta más que nadie, a lo mejor más que yo. Ver gente de nuestro entorno que, en ese momento, hacían comentarios indebidos porque no veían potencial en ese niño o no creían que alguien de Viluco —una zona de campo, muy humilde— pudiera llegar tan arriba. Yo con eso aprendí mucho. Cuando me cruzo con algún niño y me cuenta sobre sus expectativas, mi primera opinión hacia él es de apoyo”.

bravo3—En las pichangas del colegio, me acuerdo que nadie quería jugar al arco. Casi siempre designaban al más malo o al más gordo. En su caso, ¿siempre quiso ser arquero? ¿O pasó por otros puestos antes?

“Pasé por otras posiciones, pero el mundo está lleno de miedosos. Generalmente, el que no está en el arco es gente miedosa, trata de hacer lo mismo que hace todo el mundo y no tiene mucha personalidad. El arquero es todo lo contrario. Es una persona con carácter diferente, que piensa y ve el fútbol de otra manera. A mí desde pequeño me gustaba por eso: quería ser diferente al resto, no pensaba como mis compañeros y tampoco me entretenía correr detrás de una pelota. Me sentía mucho más vivo y con más responsabilidad al atajar una pelota y sentirme importante para el resto de mis amigos”.

—¿Qué cosas de su personalidad tenía el puesto de arquero?

“Yo decidí ser arquero porque veía que estaba capacitado para otro tipo de cosas. Tenía condiciones para jugar en otras posiciones, porque golpeaba bien el balón, me movía, saltaba y cabeceaba bien. Pero eso no me llenaba, prefería jugar atrás. Vestirme de otro color era algo especial para mí. Era el que no tenía miedo a que me pegaran pelotazos en la cara o en el cuerpo. Todo el mundo no se ponía al arco porque les daba miedo que les quebraran una uña o la nariz (risas)”.

—¿Dónde empezó jugando?

“Partí jugando en mi colegio, en enseñanza básica. Me acuerdo que la cancha era de cemento y mi mamá sufría porque llegaba con las rodillas hechas polvo, las camisas destrozadas y tenía que parchar los pantalones todas las semanas (risas). Muchas veces, yo llevaba escondido la pelota al colegio y otro par de zapatillas para no romper las del colegio y no me retaran en la casa. Era un poco el que armaba la fiesta dentro de mis compañeros. Veía que el fútbol nos unía mucho más y hacíamos más lazos de amistad, no solo con los de mi clase, sino con otra gente de clases más altas”.

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—¿Qué tan cerca estuvo de ser expulsado de Colo Colo por ser demasiado bajo?

“Hasta el día de hoy en Colo Colo son un poco obsesivos con el tema de la altura y el físico. Hay innumerables casos de jugadores que triunfaron en otros clubes y no han triunfado en Colo Colo porque les cerraron las puertas al ser muy pequeños o no tener el físico que ellos buscaban en su debido momento. A mí, incluso, me pasó y me salvé porque, en ese verano, pegué el estirón y llegué casi a 1,80. A lo mejor fue un poco por eso que me quedé ahí. Si no hubiese pegado ese estirón, la verdad es que me hubiesen ventilado rápido”.

—¿Es difícil es para un niño lidiar con esa presión?

“Yo llegué a Colo Colo con diez u once años, y mi carrera de infancia fue hasta los 16, porque pasé a la etapa de jugar con profesionales. Y no es fácil porque, claro, todos los años vienen compañeros nuevos. Cada año que volvía a Colo Colo me encontraba con veinte arqueros más, de todas las tallas y decía ‘uh, estos veinte son competencia directa y me quieren quitar el sitio’. Yo pasé de todo en Colo Colo y uno tiene que ser fuerte. Si eres un niño débil, sobre todo de cabeza, muchos cierran la puerta y dicen ‘no voy a pasar más rabias y penas’”.

—El año pasado criticó las declaraciones de Julio Barroso sobre la transparencia del campeonato y Héctor Tapia le prohibió la entrada a los entrenamientos. ¿Siente que fue un trato injusto?

“Prefiero no hablar del tema. Ellos sabrán qué es lo que más les conviene y qué es lo mejor pero, desde mi parte y punto de vista, no tengo qué opinar”.

—¿Le gustaría sentarse a conversar algún día con Tapia?

“Como te dije anteriormente, prefiero no opinar”.

La conquista de América

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Tras dar por superado el impasse por la repartición de los premios de las eliminatorias —otro tema que lo tuvo en el centro del conflicto—, Bravo apunta a la Copa América como su próximo gran objetivo en la selección. Pero advierte sobre la necesidad de una buena preparación. “Si llegamos pensando en que hicimos un buen papel en el Mundial o que tenemos buenos jugadores, no nos va a alcanzar. Estos amistosos que tenemos —el próximo 26 de marzo, Chile se mide con Irán en Sankt Pölten; y el 29, con Brasil en Londres— hay que enfocarlos como si fueran partidos de Copa América, porque así lo requieren”.

—¿Le agrada la idea de concentrar en Europa?

“Sí, porque a mí me queda a un paso (risas) y es una manera de abstraerse de todo este clima de tanta euforia que puede haber en Chile. Las tentaciones son diferentes en Chile que acá en Europa. Por eso tenemos que enfocarnos en jugar y que las noticias solamente sean de fútbol y no de compañeros en discotecas”.

bravobarca—Está en el Barcelona, el mejor equipo del mundo, va por su tercer mundial y hace rato aseguró su vida en términos económicos. ¿El dinero y la fama cambian mucho al futbolista?

“Sí, cambia. Pero depende de dónde venga y cómo vea las cosas. A mí el dinero no me ha cambiado en absoluto y la fama mucho menos. Sigo viviendo donde mismo, sigo viendo a las mismas personas, hago lo mismo que hacía a los diez años cuando estoy en Viluco. No por jugar en un equipo poderoso a nivel mundial voy a cambiar. A mí lo que más me importa no es el fútbol, es mi familia. No veo tan importante o necesaria esa parte de enfocarme al diez mil por ciento solamente en una cosa. La vida es mucho más amplia”.

—¿Le gustaría volver a Colo Colo?

“No sabría hoy en día. Por años y por lo que me queda contractualmente acá, se ve como una posibilidad lejana. Tampoco quiero volver a jugar en Chile a una edad donde llegue prácticamente a pisar la cancha y retirarme. A mí no me llenaría, no sería lógico. Pero sí quiero llegar a una edad donde pueda ser un gran aporte y dar satisfacciones. No voy a llegar con 40 años y casi con un bastón a ponerme al arco. No me voy a sentir cómodo y tampoco se vería bien”.

Entre palo y arquero

music_live_nirvana_kurt_cobain_2560x1600_wallpapername.comMi playlist favorito: “Escucho un poco de todo, depende de los estados de emoción en el camarín y nuestra casa. En la mañana, cuando van en el auto, mis hijos me ponen One Direction y cosas de Disney y me las tengo que comer (risas). En el camarín, se escucha reggaetón o cumbia. A mí me gusta la música más romántica y, años atrás, escuchaba a Creed y Nirvana”.

Pasatiempos en Barcelona: “Me gusta mucho salir a caminar, ir al centro a comer con los niños de vez en cuando, ir al cine y sacar a nuestros perritos a pasear. Nosotros vivimos en Sant Just, tenemos un cerro cerca y vamos muchas veces con los niños y llegamos a la cima”.

portuetxeUn lugar para comer en San Sebastián: “El restaurante Portuetxe, que significa ‘Casa Puerto’. Hemos ido un montón de veces e hicimos amistad con los dueños. Hay buena carne y pescados, pero nosotros generalmente pedimos un chuletón de buey, una chuleta gigante que compartimos entre varias personas”.

-Lo que menos me gusta del fútbol: “Las concentraciones, vivir lejos de la familia y los tiempos que me puede quitar, sobre todo los fines de semana. Lo que más cuesta llevar es estar lejos de tus amigos y tu familia, ya van meses que no veo a mis papás. Pero, con el tiempo, te vas acostumbrando y adaptando”.

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-El Messi íntimo: “Es una persona muy normal, sencilla y muy fácil de llegar. Generalmente, lo tratan de pintar de otra manera porque, claro, no conocen a la persona, y hablar cosas negativas hoy en día es muy fácil”.

-Un sueño después del fútbol: “Estoy construyendo un campo deportivo en Buin, para devolverle la mano a los más pequeños y tengan las herramientas que yo no tuve en ese momento. ¿Si me gustaría volver a vivir en Viluco? No sé, depende mucho de mi familia. Mis hijos están creciendo, han hecho toda su infancia en Europa y cuando termine mi carrera acá la mayor va a tener 16 o 17 años. Vamos a ver si se quiere volver a Chile o no”.

alves-Sus mejores amigos en el Barça: “Tengo mucho tiempo acá (en España) y con la gente de Europa se me hace muy fácil relacionarme. Pero, en el desayuno, los sudamericanos somos los que estamos más juntos: (Dani) Alves, Rafinha, ‘Ney’ (Neymar)… Tenemos más cosas en común porque vivimos cerca y, aparte del fútbol, nos toca en la tarde encontrarnos en el colegio. Con Adriano, Dani y Douglas tenemos niños en las mismas clases”.

-El recuerdo de Alexis en el camarín culé: “Es de risa. Se acuerdan mucho porque hablaba con muchos modismos, tal cual habla con nosotros en Chile, y acá no le entendían. Les causaba mucha gracia”.

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