“Volví a ser la misma persona decepcionante que era antes”

Tras una pausa de seis años, Jason Pierce regresó con “And Nothing Hurt”, un disco que podría ser el último firmado por su banda, Spiritualized. Aquí habla de la crisis del formato álbum, su rechazo a la cultura de la nostalgia y la enfermedad que lo tuvo al borde de la muerte. Guillermo Tupper.

(Artículo publicado en el Cuerpo Vidactual de El Mercurio. Enero del 2019)

Cuando estaba haciendo su último disco, Jason Pierce (53) tuvo una idea: escribir una canción similar a la versión que Frank Sinatra hizo de “September Song”, un estándar de Kurt Weill que data de 1938 y que también fue recreado por artistas como Ella Fitzgerald, James Brown y Lou Reed. El resultado fue “Let’s Dance”, cuya letra inmortaliza a una pareja madura que conversa en un bar. “Se hace tarde y están guardando todos nuestros sueños”, canta. “Debería escapar, pero prefiero quedarme y bailar”.

Con su tenue línea de piano, “Let’s Dance” encarna el sentido de aceptación de un hombre que ya inició la segunda mitad de su vida, una temática central que cruza “And Nothing Hurt“, la octava placa de Spiritualized. “Quería que el disco reflejara a alguien de mi edad”, dice Pierce, con una voz cansada luego de un largo día de entrevistas telefónicas. “Siento que mucha gente hace discos copiando la forma en que ellos eran a los 20 o 30 años. Intentan ser las mismas personas y yo no quería fingir que soy más joven. Debido a eso, (la canción) tiene que ver con el paso del tiempo, la nostalgia y un sentido de quién soy ahora”.

Por más de treinta años, la música de Pierce siempre trascendió los estilos dominantes de su época. En los 80, y bajo el alterego de J. Spaceman, fue uno de los capitanes de los embrionarios Spacemen 3, una banda que exploró la retroalimentación entre las drogas y el rock como acicate creativo. Tras su disolución, subió la apuesta como líder y fundador de Spiritualized, un proyecto en el que envolvió sus remolinos sónicos en estructuras de canción menos radicales y que alcanzó su cumbre con “Ladies and Gentlemen We Are Floating in Space” (1997), elegido por el semanario New Musical Express (NME) como el mejor disco de aquel año, superando a portentos como “OK Computer” de Radiohead y “Urban Hymns” de The Verve.

En septiembre pasado, y tras una pausa de seis años, Spiritualized retornó con “And Nothing Hurt”, un álbum que Pierce desarrolló y ensambló principalmente en el laptop de su casa de Londres, debido a la falta de financiamiento, y en el que reflexiona sobre la soledad, la fragilidad humana y su propia mortalidad. En el 2005, el cantante estuvo cerca de morir por una doble neumonía que detuvo su corazón y, poco tiempo después, por una severa enfermedad al hígado. Sin embargo, y tal como su título sugiere (“Y nada duele”), Pierce se distancia del dolor y le da la bienvenida a lo inevitable sin arrepentimientos.

-¿Su enfermedad cambió su forma de enfrentarse a la música?

“Probablemente, pero no lo sé. Perdí mucho de autoconfianza después de que me recuperé. Ahora puedo sentir que tenía esa arrogancia y estupidez de la juventud que, creo, es una gran parte de lo que hace al rock n’ roll excitante. Pero lo dije en su momento: creo que volví a ser la misma persona decepcionante que era antes. Veo a personas que realmente cambian a partir de experiencias como aquella y se vuelven más caritativos, cariñosos y modifican sus vidas completas. Mi vida pareciera ser la misma: suena un poco ingrato, porque estuve muy agradecido de salir de todo eso. Pero parte de mí esperaba un cambio más grande”.

Los hombres del espacio

Cuando era adolescente, Pierce pasó por una tienda de discos y quedó flechado con la imagen de un cantante de pantalones plateados y chaqueta de cuero con la imagen de un gato salvaje. Aunque no sabía de quién se trataba, compró el disco igual: era “Raw Power” de Iggy and the Stooges. “Creo que es la cosa más afortunada que alguna vez haya hecho”, dice. “Volví a casa y empecé a descubrir esta gema arqueológica que nadie de mi círculo cercano conocía. Cuando eres joven, es muy importante encontrar tu propio pedazo del mundo, algo que sea único para ti. Y (ese disco) cambió mi vida: a partir de Iggy Pop, descubrí un hilo que seguía con Lou Reed, Sun Ra, MC5… todo hizo sentido”.

En Rugby, una ciudad del condado de Warwickshire, Pierce formó Spacemen 3 con Pete “Sonic Boom” Kember, un amigo con el que pasaba de la música pop británica de moda. “No es que no me gustara nada (del pop inglés), pero había todo un mundo ahí afuera que no incluía a la música contemporánea, en la que parecía que todo el mundo quería venderte algo”, recuerda. “Hay algo que tiene el escuchar música fuera de tu tiempo, que es como un llamado del cielo. Me encanta la música doo-wop, la que, obviamente, está vinculada a los años 50 e inicios de los 60, pero, para mí, suena como si viniese del espacio exterior. Podría escuchar ‘Duke of Earl’ -de Gene Chandler– hasta el final de los tiempos y a Patsy Cline por la misma razón. Te transportan en distintas maneras”.

-Usted tiene fama de perfeccionista y dijo que se “volvió loco” con la grabación de “And Nothing Hurt”…

“Sí, más o menos. En parte, porque siento que es más complicado (hacer discos) a medida que envejeces. Conozco algo del proceso y cuán obsesivo llego a ser: excluyo todas las otras cosas que amo en la vida, como mi familia. Y ahora que estoy más viejo también siento una mayor responsabilidad de que un álbum no debería ser tomado a la ligera. Veo a muchos (músicos) lanzando álbumes como un medio para volver a salir de gira. Y, no sé, pienso que los discos merecen más respeto que eso”.

-En los últimos años tuvo ofrecimientos para reformar a Spacemen 3, pero nunca aceptó. ¿Es poco sano mirar al pasado?

“Sí, totalmente, y eso solo ocurre en la música, y con los actuales oyentes, que les piden (a sus bandas favoritas) que hagan lo que hacían a los 19 años. Tú nunca le dirías eso a un pintor o a un escritor: ‘Hey, te doy un montón de dinero para que escribas un libro como el que hiciste a los 19’. A pesar de que no tenía financiamiento para hacer mi último disco, el dinero nunca ha sido una motivación en mi vida. No estoy interesado. Puse la vara alta para mis propias metas, no pongo la vara alta para las metas de alguien más. Cada vez que hago un álbum veo si puedo saltar por encima de esa vara y, después, qué tan alto puedo ir la próxima vez. La idea de caminar hacia atrás me parece una locura”.

Un disco de ruptura

En el 2016, y a pesar de su reticencia a vivir de glorias pasadas, Pierce se embarcó en una serie de conciertos en los que recreó “Ladies and Gentlemen…” con un coro gospel y una orquesta. Según el cantante, desde un comienzo quería que “And Nothing Hurt” explorara las mismas áreas que su disco de 1997 y la gira sirvió para recordarse a sí mismo cómo era recrear aquel sonido exuberante y contrastarlo con el tono casero de su material más nuevo. “Es extraño”, dice. “Mi banda y yo nos dimos cuenta de que más de dos tercios de ‘Ladies…’ es free-jazz alocado e improvisado, pero tiene estos pequeños pasos que te permiten entrar en él, como esos pequeños retazos de música clásica europea. ¡Pero es un disco bastante difícil! No es un disco de canciones que te llega de manera directa. No sé por qué la gente se apegó a él de la manera en que lo hizo”.

-Yo tengo una teoría: “Ladies and Gentlemen…” es un disco de ruptura y la gente se identifica con eso…

“Eso es bueno, ¿no? Hace algún tiempo fui a un concierto de Kris Kristofferson, justo para su cumpleaños número 82, y la audiencia completa coreaba cada una de sus palabras. Fue muy conmovedor y me di cuenta de que las canciones ya no pertenecían a Kristofferson: a pesar de que él las interpretaba, eran de las personas de la audiencia que se habían enamorado o desenamorado con ellas. Si hay una cosa que le puedes pedir a un autor es la verdad: si eres honesto en lo que escribes y dices, después eso viaja hacia un tipo de conexión que se pierde para el autor. Cuando escuchas ‘I Can’t Stop Loving You’ de Ray Charles, no hay un solo momento de mi vida en el que haya pensado ‘¿a quién Ray Charles no podía dejar de amar?’. No tiene que ver con eso, sino que tú relacionas aquellas palabras con tu propia vida. Es un extraño tipo de magia que no obtienes de otras formas de arte”.

-Hace algún tiempo anunció que “And Nothing Hurt” podría ser el último disco de Spiritualized. ¿Lo mantiene?

“Sí, tal vez. No es que iba a dejar la música, sino que, al hacer un disco, quiero que cada pieza sea utilizada como parte de un todo. Cuando tienes un disco, yo me imagino que es como una cinta de casete que pones en la radio del auto y que te lleva en un viaje en el que funciona de principio a fin. Y eso es lo que encuentro difícil, ¿sabes? Quizás el mundo ya no usa más los discos de la misma manera. La gente parece escuchar su música en orden aleatorio o solo pedacitos de canciones. Y yo todavía visualizo mi música y los discos de Spiritualized de la forma antigua. Cuando empiezo a hacer un disco sé que son dos años y medio de mi vida que se van. Necesito romper con eso y encontrar una forma alternativa de hacerlo”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s