Sting: “¿Mi mejor recuerdo de Chile? En los 80, cuando vine al Festival de Viña”

En una de las colaboraciones más improbables del último tiempo, Sting unió fuerzas con el músico jamaicano Shaggy para lanzar un disco de inspiración caribeña que presentarán en octubre en Movistar Arena. En conversación con “El Mercurio”, ambos cantantes hablan de su devoción por el reggae, su pasado como inmigrantes y el desafío de hacer música luminosa en tiempos turbulentos. “Estados Unidos debería ser un modelo de libertad y lo estamos perdiendo”, dice el británico. Guillermo Tupper.

(Artículo publicado en Cuerpo Vidactual de El Mercurio. Septiembre del 2018)

Orville Richard Burrell, más conocido como Shaggy (49), suelta la primera carcajada de la tarde cuando rememora su primer encuentro con Sting (66). Fue en Ámsterdam, cuando él se encontraba en el backstage de una presentación del ex líder de The Police. “Lo conocí tras bambalinas y luego salté al escenario mientras tocaba ‘Roxanne'”, recuerda el jamaicano. “Fue uno de esos impulsos del momento. Él dijo: ‘oh, Dios, ¿quién es este tipo?'”.

“De hecho, fue un desastre”, complementa Sting. “Me tomó diez años recuperarme de esa experiencia. Pero lo perdono y ahora todo está bien”.

Desde Curazao -una isla perteneciente a los Países Bajos y situada en el sur del mar Caribe– Sting y Shaggy, protagonistas de una de las colaboraciones más singulares de los últimos tiempos, ponen el teléfono en altavoz para anticipar su próxima venida a Santiago (ver recuadro). Faltan algunas horas para su presentación en el festival “North Sea Jazz” -en el que comparten un ecléctico cartel con figuras como Christina Aguilera, Grace Jones y Burt Bacharach– y, lejos del choque de egos propio de estrellas de su magnitud, su diálogo transcurre entre bromas mutuas y frases que empieza uno y termina el otro. “Tenemos varias cosas en común”, señala Sting. “De partida, los dos tenemos nombres estúpidos”.

Desde su sorpresiva presentación en la última ceremonia de los Grammy, el anuncio de un disco conjunto entre ambos generó muecas de incredulidad: ¿qué tenían que ver el explosivo toaster jamaicano con el refinado rockero nombrado comandante del imperio británico? Unidos por su gusto por las sonoridades caribeñas, y en particular por el reggae, el resultado fue “44/876“, un álbum cuyo título hace referencia a los respectivos códigos telefónicos de Gran Bretaña y Jamaica. “Una de las formas de identificar el estrellato es una voz única. Tener una impronta como la de Shaggy, que no podría ser de nadie más, eso es ser una estrella. La primera vez que escuché ‘Boombastic’, dije: ‘oh, ¿qué es esto?'”, dice Sting. “(El disco) es la conversación entre dos individuos de culturas muy diferentes, cantando sobre asuntos que nos importan mucho, desde dos puntos de vista ligeramente distintos y en los que, a menudo, estamos de acuerdo”.

La colisión de ambos universos musicales fluyó a pesar de sus radicales diferencias de rutina: si Shaggy solía sentarse a componer pasadas las 2:00 de la mañana, con Sting tuvo que levantarse temprano y ponerse a trabajar en horario de oficina. “¡Este tipo es un demente!”, protesta la voz de “Boombastic”, quien también fue animado por el propio Sting para incursionar en el canto, tal como lo hace en “Dreaming in the USA”. “Definitivamente, Sting es alguien que me empujó hasta mis límites y me llevó a hacer cosas con las que, normalmente, no me sentía cómodo. Estoy muy agradecido de él. Nunca hubiese sabido qué tan bueno era, ni qué tan cómodo me sentía, si él no hubiera insistido”.

“En realidad, él es un muy buen cantante”, complementa Sting. “Pero era muy importante que él y yo saliéramos levemente de nuestra zona de confort para que pudiéramos innovar y ser creativos. Para eso, necesitas ser un poco sacudido. Así, Shaggy debía escribir la canción correcta en el momento, y yo lo iba a sacar de sus esquemas al exigirle que cantara. La contribución desde ambos lados fue significativa porque él puede hacer cosas que yo no puedo y me ha provisto de ellas”.

Shaggy: “Pero lo principal es que es buena música. Se siente como el verano, tiene un montón de felicidad y esperanza. Es el tipo de música que te pone en un buen estado de ánimo”.

El viejo sabor de lo nuevo

Desde sus inicios, las sonoridades del Caribe ejercieron un gran influjo en Sting. En Inglaterra, creció rodeado de la música ska, calipso y reggae traída por la comunidad de inmigrantes de las Indias Occidentales. Luego, aquellas influencias fueron recogidas por The Police y canciones como “So lonely”, “Walking on the moon” o “One world (not three)” derribaron barreras con un contagioso cruce entre pop bailable y reggae. En los 80, para escapar del acoso mediático, Sting vivió un tiempo en la casa que tenía Ian Fleming en la costa norte de Jamaica. En la misma mesa en que el escritor dio vida a las novelas de James Bond, el blondo cantante compuso “Every breath you take”, uno de los mayores éxitos del trío.

La pequeña isla de las Grandes Antillas volvió a ser su principal fuente de inspiración para “44/876”. En la canción que le da el nombre al disco, Sting rinde tributo a su gran mentor (“El fantasma de Bob Marley me frecuenta hasta hoy; hay una verdad espiritual en las palabras de su canción”, reza la letra). Para el ex The Police, conocer a Marley en el Londres de los 70 fue un shock cultural que marcó su hoja de ruta. “Quería agradecerle de algún modo”, admite. “Él fue una gran influencia e inspiración en mi vida, no solo musicalmente, sino que también política y espiritualmente. Cuando volví a retomar el reggae en este disco, quería incluir su nombre. Todavía me obsesiona, pero de una manera positiva”.

Aunque muchos la acusaron en su momento de “apropiación cultural”, la música de The Police reverberó con fuerza en la isla. El propio Sting lo pudo comprobar en enero pasado, cuando formó parte de “Shaggy & Friends”, un concierto bienal de reggae organizado por el autor de “It wasn’t me” y cuyas ganancias fueron destinadas al Hospital Bustamante, el único recinto pediátrico en el Caribe de habla inglesa. El evento convocó a unas 15 mil personas y recaudó cerca de un millón de dólares, pero también marcó un hito al ser el primer show de Sting en Jamaica en sus cuarenta años de carrera.

“Sting vio que la gente conocía todas sus canciones y se hizo evidente lo conocida e importante que fue la música de The Police para la cultura del país”, cuenta Shaggy, quien frisaba los 14 años cuando el trío londinense estaba en el apogeo de su popularidad. “Cuando yo era niño, en las radios populares de Jamaica predominaba la música extranjera y The Police era muy bien recibido porque fueron los pioneros en poner al reggae en el mainstream “. Para Sting, la experiencia de volver a la isla “fue maravillosa. No había estado en Jamaica en veinte años y Shaggy, quien fue mi guía, es un tipo enormemente amado y respetado ahí”.

Si Sting y The Police pusieron el reggae en el tope de las listas pop, Shaggy hizo lo propio con el dancehall, un estilo híbrido con raíces en el reggae, pero que incluye un DJ cantante, letras picarescas y ritmos interpretados por cajas de ritmos y considerablemente más rápidos. Su primer éxito fue ‘Oh Carolina’ (1993), una versión moderna de la canción del grupo de ska jamaicano The Folkes Brothers. “Yo no quería ser otro artista dancehall, así que jugué con sonidos diferentes”, relata. “En ese punto, no sabía que éramos el primer disco de ese estilo en llegar al número uno de las listas británicas. Después vinieron ‘Boombastic’ y otras canciones pero, definitivamente, fuimos una fuerza que abrió puertas”.

-Aquel cruce de estilos con sonidos caribeños, que en su momento fue muy innovador, hoy se convirtió en un estándar para estrellas pop como Drake, Sia y Ed Sheeran…

Shaggy: “Es un trabajo que no solo hicimos Sting, The Police y yo, sino que también Shabba Ranks, Maxi Priest, Chaka Demus & Pliers y Sean Paul. Hoy, ese es el sonido de las radios más populares. El reggaetón es un hijo del dancehall. Cuando escuchas el tropical house, que es de lo que están hechos la mayoría de los discos populares actuales, todo eso viene de las vibraciones del reggae y el dancehall. Es una cultura muy fuerte y, ciertamente, nosotros (con Sting) hicimos una parte para que formara parte de la cultura popular. No creo que lo hayamos hecho concientemente, simplemente tratamos de expresarnos creativamente y ser diferentes”.

La canción del inmigrante

En sus conciertos, Sting y Shaggy suelen abrir con “Englishman in New York”, uno de los primeros éxitos del inglés tras la disolución de The Police. A pesar de que su letra está parcialmente inspirada en el escritor Quentin Crisp, este himno a la soledad en el extranjero toma un nuevo significado en medio del actual escenario político. Cuando Sting canta “soy un extraterrestre, un extraterrestre legal, soy un hombre inglés en Nueva York”, es inevitable no vincularlo a los recientes arrestos a comunidades de inmigrantes en Estados Unidos. “Es vergonzoso lo que está pasando con las familias en la frontera”, dice el cantante. “Todavía no logran reunir a muchos niños con sus padres, que estaban separados en los centros de reclusión, y eso es absolutamente inmoral”.

Tanto Sting como Shaggy comparten la experiencia de ser inmigrantes. Mientras el primero arribó a Nueva York a mediados de los 80, el jamaicano lo hizo a los 18 años, y tiempo después se integró a la Infantería de Marina y fue enviado a la Guerra del Golfo, donde condujo vehículos y trabajó en la artillería. “Hay tantas cosas que damos por sentadas y no sabes qué tan importantes son”, señala. “En la guerra me di cuenta de lo buena que era mi mamá como cocinera (sonríe). Uno da por sentado algo tan simple como tener una cama hasta que duermes en un saco de dormir en la tierra y te das cuenta de que de verdad te gusta tu cama. Cuando estás en una guerra, y no sabes cómo vas a salir, te gustaría tener la oportunidad de decirles a las personas que ves todos los días lo importantes que son en tu vida. Gracias a Dios salí de ahí sin ningún rasguño y tuve esa chance”.

En la canción “Dreaming in the USA”, Shaggy y Sting escriben una carta de amor a Estados Unidos y enumeran las razones por las que ambos se enamoraron de su cultura (“los únicos jeans que visto son de los Estados Unidos; las zapatillas de mi pie fueron fabricadas en América; Presley, Monroe y Dean son de Estados Unidos; Louis Armstrong, Sinatra y Marvin Gaye“). Sin embargo, Sting advierte que el sueño americano está en peligro en la era Trump. “Pienso que todas las cosas por las que Shaggy peleó en esa guerra, y la amenaza de este régimen que domina en este momento es una cosa seria: Estados Unidos debería ser un modelo de libertad. Y lo estamos perdiendo”, sostiene.

¿Qué recuerdos tienen de sus anteriores visitas a Chile?

Sting: “Mi mejor recuerdo de Chile es cuando estuve en el Festival de Viña del Mar, creo que a inicios de los 80. Era una época muy diferente. Llegué a conocer a los chilenos y la situación (política), trabajé con Amnistía Internacional y conocí a las madres de los desaparecidos. Después hicimos un concierto genial con las madres. Tengo una larga relación con Chile y siempre me siento muy bienvenido ahí. Estoy ansioso por volver”.

Shaggy: “Estuve ahí hace un par de años (fue en el 2015). Hicimos un concierto en la costa (se refiere al festival ‘Surfbeats‘, en Pichilemu) y fue multitudinario, no se podía ver hasta dónde llegaba la masa de gente. Se supone que iba a volver dos veces y creo que en la primera hubo una cancelación porque no tenían los permisos (Festival Frontera 2016). Y, en la otra, no pude viajar, de nuevo, por temas de promotores y permisos (Surfbeats 2018). Me puse muy triste en ambas ocasiones, pero ahora que voy con Sting no podría ser mejor. Es casi un mejor escenario volver con él porque es un show increíble y, después de hacer mis canciones por tantos años, es muy divertido hacer las de alguien más (sonríe). Es muy bueno estar frente a una audiencia con este hermano que tengo”.

“Ninguno de los dos abandona el escenario”

En sus conciertos, Sting y Shaggy alternan el material original de “44/876” con su repertorio como solistas, además de incluir un puñado de canciones de The Police. En sus fechas anteriores, por ejemplo, han incluido un mashup de “Roxanne” y “Boombastic”. “Cantamos las canciones del otro y ninguno de los dos abandona el escenario”, dice Sting. “Yo soy el bajista de Shaggy y él es mi animador (risas). En realidad, disfruto de aquellos momentos en los que solamente toco el bajo, es genial. Y, después, él me hace cantar (carcajada)”.

—¿Qué canción del otro es la que más disfrutan interpretar en vivo?

Shaggy: “Eso cambia todas las noches. Solía gustarme mucho ‘Fields of gold’, era mi favorita. Y ahora lo es ‘Fragile’, realmente me conmueve. Me gustan muchas canciones, es bastante bueno este tipo (risas)”.

Sting: “En un comienzo estaba un poco reticente a cantar ‘It wasn’t me’ debido a su dudosa moralidad. Pero después leí su letra completa y me di cuenta que es un cuento moral, porque el tipo que miente y engaña se da cuenta que, en el largo plazo, eso tal vez no es muy conveniente”.

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