“El patriarcado ha puesto más foco en Madonna como ícono estético que como compositora”

El musicólogo español Eduardo Viñuela es el editor de un libro en el que especialistas de distintas áreas abordan el impacto cultural de la cantante estadounidense. “Ningún artista ha llegado a los 60 años en el nivel de popularidad en que está ella”, postula. Guillermo Tupper.

(Artículo publicado en el Cuerpo Vidactual de El Mercurio. Agosto del 2018)

El 14 de septiembre de 1984, Madonna emergió desde la parte superior de un pastel de bodas gigante sobre el escenario del Radio City Music Hall, en Nueva York. Era la primera edición de los MTV Video Music Awards y la cantante de 26 años interpretó su flamante single, “Like a Virgin”, vestida de novia y luciendo un cinturón con la leyenda “Boy toy” (“juguete sexual”), mientras se retorcía en el suelo y exponía parte de su ropa interior a la audiencia. Cuando terminó su presentación, hubo tibios aplausos y gente que vaticinó el final anticipado de su carrera. Pero aquella performance —una de las más icónicas en la historia del pop— definió el look que imitaría una legión de admiradoras, marcó el arribo de una enorme fuerza cultural y estableció el tono bajo el cual se juzgaría cualquier show en este tipo de ceremonias.

“Esa gala es su consagración”, sostiene Eduardo Viñuela, profesor del Departamento de Historia del Arte y Musicología de la Universidad de Oviedo y editor del reciente libro “Bitch, She’s Madonna: La reina del pop en la cultura contemporánea” (Dos Bigotes, 2018) que recorre su figura y obra. “Si hablamos de lo musical, (la canción) es una síntesis y una mezcla muy bien trabajada de pop y música de baile. Pero, por otro lado, está la iconografía. Ella se comporta de forma muy poco canónica, y jugando con sus tres pilares: la sexualidad mezclada con el catolicismo y todo ello haciéndole un challenge (reto) al canon moral del momento. En el año 84 todavía las galas eran muy correctas, o triunfaba o la condenaba. Y, desde luego, triunfó”.

Desde el 2011, Viñuela es el director del Aula de Música Pop Rock de esta universidad hispana que analiza, bajo un punto de vista académico, estilos musicales como el punk y carreras de artistas como David Bowie y Nick Cave. En el 2015, inauguró el curso “Who’s that girl? Madonna y la cultura pop contemporánea” que expuso las distintas dimensiones de la cantante, desde su rol como transgresora sexual a su papel de creadora de tendencias. En este libro, el musicólogo convocó a la mayoría de los profesores que dictaron las clases —entre ellos, músicos, sexólogos y filólogos— para abordar el impacto cultural de la señora Ciccone en tres grandes bloques: la música, la imagen y la visión más sociológica. “No queríamos hacer una biografía, tampoco tratar su figura desde una forma cronológica. La idea era ver distintas facetas de ella con perspectivas diferentes”, dice Viñuela, quien también escribe uno de los capítulos.

En “Bitch…”, los expertos postulan cómo la irrupción de Madonna en los 80, con MTV como principal vehículo de difusión, marcó un antes y un después al representar una alternativa a la femineidad estipulada. “Su llegada impacta mucho y consigue crear en torno a ella una comunidad de fans mujeres que ven en ella a un modelo y una forma de ser mujer diferente a la tradicional”, dice Viñuela. “Por supuesto, antes de ella estuvo el punk y un montón de mujeres ya habían roto las convenciones que estaban situadas en otro modelo de mujer. Pero Madonna se mete en las casas de millones de adolescentes de todo Estados Unidos y sus giras, como las del 84 y 85, se llenan de mujeres que se visten como ella. Madonna fomentó que hubiera empoderamiento por parte de una generación de chicas jóvenes que se vieron atraídas por un modelo diferente de ser mujer”.

—Suele hablarse más de Madonna desde su faceta provocadora que de la estrictamente musical. ¿Se ha relativizado su talento como compositora?

“Muchísimo. De hecho, queríamos abrir el libro con ese capítulo que habla de Madonna como cantante, pero también como compositora del 90% de las canciones de su carrera y como productora. Sus discos tienen unas producciones muy trabajadas y, a partir de su tercer álbum, ella está en todas las facetas de ese proceso, desde elegir a la persona con la que va a trabajar hasta, incluso, poner a trabajar a varios productores dentro de un mismo disco. En ese sentido, a Madonna se le ha maltratado mucho: el patriarcado ha puesto mucho más foco en la Madonna como ícono en la parte estética y también de provocación que en la compositiva y de producción. En el libro la comparamos muchas veces con David Bowie: cuando él se rodeaba de productores como Tony Visconti se hablaba de un talento que sabía aglutinar un equipo, mientras que de Madonna siempre se dice que se aprovecha de los productores y los exprime comercialmente”.

Empresaria implacable

En las últimas tres décadas, la figura de Madonna ha sido analizada desde distintos prismas —lo que se conoce como los “Madonna Studies”— para ilustrar desde procesos de articulación de identidades a estrategias de promoción y márketing. “Bitch…” postula que su carrera esta íntimamente ligada a la consolidación de la globalización y esto se puede observar tanto en su relación con la publicidad —sus centenares de spots para marcas reforzaron su carácter de ícono cultural— como en la dimensión y alcance de sus giras. Según apunta Viñuela en la introducción del libro, también representa un paradigma de la posmodernidad, al crear un personaje ambiguo, difícilmente encasillable y que hizo que el feminismo y el colectivo LGBT encontraran en ella un símbolo para crear comunidad.

“Como empresaria, Madonna ha sido implacable y con las ideas muy claras”, añade el musicólogo. “Es una empresa en sí misma y siempre fue la dueña de su empresa. Apostó por proyectos que muchas veces la propia discográfica no apostaba: el libro ‘Sex’, con esa tapa de aluminio tan pesada, decían que no era rentable y vendió mucho más de los que cubría la inversión. Desde los giros en su estilo musical hasta su apuesta deliberada por ser la protagonista de ‘Evita’, y la creación del sello Maverick para controlar sus producciones, hablan de una artista que siempre toma riesgos, casi adelantándose a la tendencia del mercado. Es una workaholic, pero que no tiene ese tipo de escarceos con la vida popular que tienen otros artistas. No se droga, no bebe, es muy comprometida y rigurosa con lo que hace y eso le da el control de todos los elementos del negocio”.

Los autores coinciden en que el paralelo entre Madonna y Bowie no solo se remite a su capacidad de aunar equipos para dar cauce a sus ideas: ambos también comparten el don de comunicar lo “nuevo” y traducir la vanguardia a un gusto masivo. “Ella crece en Detroit escuchando la música (del sello) Motown y tiene una formación de baile contemporáneo, con lo cual entra en contacto con muchas corrientes vanguardistas en la Nueva York de finales de los 70 y acude a discotecas underground de negros e hispanos”, apunta Viñuela. “Cuando se pone a hacer música, todo eso cristaliza y es capaz de mezclar estilos con un sello personal. ‘Vogue’ es un ejemplo clarísimo de este juego entre pop y underground: lo que era un baile marginal de la comunidad negra e hispana en Nueva York, ella lo llevó a la MTV, para que todo el mundo, a su manera, intentara hacer esa coreografía”.

—¿Cómo evalúa su presente?

“Yo diría que está desafiando una de las cosas que le persigue desde finales de los años 80: la prensa siempre le ha querido buscar una sucesora. Y, en ese sentido, lo que ha hecho ella es evitar la confrontación y volver a generar comunidad en torno a ella. Desde aquella vez que parecía que amadrinaba a Christina Aguilera y Britney Spears, cuando les dio un beso en una gala de los Premios MTV, hasta el último single ‘Bitch, I’m Madonna’, en el que participan Nicki Minaj, Katy Perry y Miley Cyrus. ¿Cuál va a ser su próximo giro? Es una sorpresa. Se supone que este año vamos a tener un nuevo disco de ella. Está viviendo mucho en Portugal e imbuyéndose en la escena del barrio de La Alfama, en Lisboa, con lo cual no sé si habrá un guiño hacia el fado. Una cosa muy importante es que ningún artista ha llegado a los 60 años en el nivel de popularidad en que está ella y con una carrera de 35 años que tuvo algún bajón, en los años 90, pero que remontó muy bien. No hay otra mujer que lo haya hecho en la historia de la música popular urbana”.

“Madonna personifica la segunda ola del feminismo”

Reina a los 40 años: “En los 90 vimos una Madonna muy diferente: ella rompe con la parte sexual, encarna personajes como Evita, mucho más recatados, y también se prepara mucho vocalmente. Es una Madonna de 40 años y su voz cambia y tiene más fuerza. Todo eso se traduce en sus discos ‘Ray of Light’ (1998) y ‘Music’ (2000), que siguen la estela de los primeros 2000: es decir, esa mezcla constante de música electrónica y pop que, junto con el R&B, gobernó la primera década del milenio. Ella marcó la pauta de lo que iban a ser las producciones mainstream y lo hizo apostando por productores muy jóvenes que después hicieron grandes discos con otros artistas”.

Ícono del feminismo: “Madonna sería una personificación de una segunda ola del feminismo, en el sentido de hacer lo personal político, de generar cierto sentido de hermandad entre mujeres y de ella con sus fans. Y otra cosa muy importante es buscar genealogías. En su obra, y eso se puede ver muy bien en sus videoclips, hace alusiones a otras mujeres de la cultura popular. Ella rescata a Bette Davis, Liza Minnelli, Marilyn Monroe, Tamara de Lempicka: es decir, aúna talentos femeninos dispersados por la historia y los reivindica y da a conocer a un público que, quizás, no está familiarizado con estos íconos. La Marilyn Monroe del video de “Material Girl” está mucho más empoderada en Madonna que en la película ‘Los caballeros las prefieren rubias’”.

La posible sucesora: “¿Si hay alguna artista mujer que se acerque al discurso transgresor de Madonna? Es muy interesante lo que hizo Beyoncé en su último disco ‘Lemonade’ (2016), desde el álbum visual que acompañó el disco, que es una auténtica obra de arte, en la que hay muchísimos discursos diferentes en los que ella construye ese vínculo con la comunidad afroamericana pero a la vez con el feminismo. Últimamente, dentro de la academia y los estudios universitarios, hay muchos libros en torno a Beyoncé, porque pasó de ser miembro de Destiny’s Child a ser uno de los personajes importantes del R&B del siglo XXI y que sigue innovando tanto en la industria como en los estilos”.

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