Los minoicos: ¿la civilización que inspiró la leyenda de la Atlántida?

Hace 3600 años, una devastadora erupción en la isla Santorini habría iniciado el declive de una de las sociedades más desarrolladas de la Edad de Bronce. ¿Es posible que este cataclismo haya sido la base del mito de Platón? Científicos, investigadores y arqueólogos responden. Guillermo Tupper.

(Artículo publicado en el Cuerpo Vidactual de El Mercurio. Febrero del 2017)

Hace alrededor de 3.600 años, la isla de Thera —hoy conocida como Santorini (Grecia)— fue sacudida por una de las mayores erupciones volcánicas de las que se tenga registro. Ubicada en el llamado arco Helénico —una zona de gran actividad sísmica—, los científicos sugieren que el primer aviso fueron uno o más terremotos previos que asolaron las viviendas del puerto de Akrotiri. Poco después, un gran volcán —situado al interior de una caldera que, a su vez, se había formado por una erupción anterior— liberó entre 30 y 80 km³ de depósitos piroclásticos silícicos, lo que provocó un nuevo colapso en la caldera.

El cataclismo cambió por completo la geografía de Thera y de las islas menores Therasia y Aspronisi. Además, la fase clímax de la erupción produjo una extensa caída de ceniza volcánica, cuyos rastros fueron hallados en Turquía. “La erupción de la Edad del Bronce Tardío fue una de las más grandes de los últimos diez mil años en todo el mundo”, señala Tamsin Mather, profesora de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Oxford (Inglaterra). “Ciertamente devastó Santorini, incluyendo el cercano asentamiento minoico en Akrotiri, que fue enterrado en una capa de piedra pómez. Sus efectos regionales y globales más amplios siguen siendo objeto de debate, pero incluyen graves efectos sobre la población minoica en Creta e impactos climáticos en Egipto y China“.

Según algunos investigadores, esta erupción podría haber sido un factor clave en el declive de la civilización minoica, el nombre que recibían las sociedades de la Edad de Bronce que habitaban la isla de Creta y otras islas del Mar Egeo entre el tercer y segundo milenio A.C. Artífices de una cultura asombrosa, los minoicos eran una sociedad tan avanzada como la de Egipto o las de Cercano Oriente. “Sin embargo, ellos eran diferentes a estos últimos porque combinaban naturaleza y arquitectura en una forma mucho más placentera y homogénea”, dice Jan Driessen, profesor de Arqueología del Egeo en la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica). “Su arquitectura, por ejemplo, celebraba la luz, el color y el aire. Los templos y el poder real opresivo estaban ausentes. Y la calidad de vida parece haber sido mucho mejor y distribuida de manera uniforme en la sociedad”.

Las ruinas de Cnosos, el asentamiento más importante y antiguo de este mundo perdido, fueron descubiertas por Sir Arthur Evans en 1900. El legendario arqueólogo inglés bautizó a esta civilización como “minoica”, en honor al gobernante de Creta, el Rey Minos. Décadas más tarde, los hallazgos del arqueólogo griego Spyridon Marinatos, tanto en Creta como Santorini, confirmaron que estos asentamientos habían recibido los embates de un gran cataclismo. Eso hizo que el propio Marinatos trazara un paralelo entre los minoicos y la Atlántida, el mito que Platón escribió más de un milenio después y donde describía a una isla que llegó a dominar el occidente de Europa y el norte de Asia, hasta que una catástrofe la hizo desaparecer “en un solo día y una noche terrible”.

A partir del siglo XIX, el mito de la Atlántida ha sido caldo de cultivo para especulación pseudocientífica e incontables obras de ficción contemporáneas. Si bien la locación de este supuesto “continente perdido” es motivo de debate entre los buscadores de quimeras —con teorías que lo ubican en Estrecho de Gibraltar (como originalmente señaló Platón), Bahamas, el noroeste de Cádiz y hasta en la Antártica—, la tesis que lo vincula a Creta y Santorini es defendida con fuerza por algunos creyentes. ¿El motivo? Los avanzados conocimientos de ingeniería que tenían los minoicos, la geografía montañosa de la isla y su trágico desenlace, todos puntos que guardan más de alguna semejanza con la Atlántida de Platón.

¿Qué causó el tsunami?

En noviembre pasado, la erupción de Thera volvió al debate científico debido a un estudio publicado en la prestigiosa revista “Nature”, y del cual Mather formó parte. Mediante el análisis del suelo marino, los autores encontraron evidencia de que la caldera no estaba conectada al mar cuando esta se derrumbó. En cambio, sugieren que grandes volúmenes de material piroclástico podrían haber desplazado suficiente agua para crear los tsunamis. Los depósitos piroclásticos de hasta 60 metros de espesor encontrados en el alta mar de Santorini parecen apoyar esta teoría.

“No estamos seguros del número de tsunamis provocados por la entrada de flujos piroclásticos al océano, pero fue más de uno”, dice Paraskevi Nomikou (foto superior), líder del proyecto y profesora asistente de Oceanografía Geológica en la Universidad Nacional y Kapodistríaca de Atenas. “Esta gigantesca erupción evacuó grandes volúmenes de magma, causando el colapso de la gran caldera, la que hoy está cubierta de agua de mar. Se estima que los tsunamis causados por esta erupción desempeñaron un rol en la desaparición de la cultura minoica a lo largo del sur del Egeo, por medio del daño a las ciudades costeras, los puertos, los embarques y el comercio marítimo”.

Nomikou dice que la erupción de Santorini fue, al menos, tres veces superior a la bien documentada erupción de Krakatoa (Indonesia), en 1883, que causó cerca de 40 mil muertes. A partir de los datos batimétricos, el estudio liderado por la investigadora reveló la existencia de un canal en la sección norte del borde de la caldera; y la presencia de una larga isla central en el medio de la misma. “Algunas teorías científicas claves sobre el paisaje de la Isla Santorini antes de la erupción de fines de la Edad de Bronce han sido confirmadas por algunos datos, por lo que, quizás… Platón se ha inspirado en la erupción de Thera”, afirma.

Un mundo nuevo y fácil

Si bien tomaron prestadas varias cosas de Oriente, las sociedades de la Edad de Bronce de Creta fueron capaces de desarrollar un entramado social y material único. A diferencia de las primeras, por ejemplo, los minoicos no tenían reyes y su organización social parecía ser mucho más descentralizada y fluida. Todo indica que creían en varios dioses y se ha comprobado que organizaban fastuosos banquetes comunales. “La parafernalia del festín, incluidos los huesos de los animales y las ollas utilizadas para comer y beber, a menudo se acumulaban y depositaban en los pozos, para mantenerlos como un registro de la fiesta”, señala Yannis Hamilakis, profesor de Estudios Modernos Griegos en la Universidad de Brown (Estados Unidos).

La navegación y los viajes también eran importantes. Hasta alrededor del 1900 A.C, la mayoría de los viajes marítimos en el Mar Egeo se hacían en botes provistos de remos. Pero los minoicos adquirieron la tecnología naval del Cercano Oriente con la nave de casco profundo con mástil, un salto tecnológico que los acercó a la esfera de influencia de esa zona del planeta. “Objetos, artefactos, alimentos y sustancias vegetales viajaban extensamente, a veces en forma de regalos —especialmente, entre las elites del Mediterráneo Oriental—, o de introducciones a la isla como curiosidades”, agrega Hamilakis.

Por si fuera poco, su arquitectura y arte se distinguían por una alta sofisticación tecnológica. A pesar de la escasez de materias primas exóticas en la zona, sus artesanos lograron conocimientos técnicos en tallado de piedra y marfil, cerámica, metalurgia, producción textil y pintura mural. Una muestra de su habilidad es el kuros de Palaikastro (foto superior), una estatua hecha de oro, esteatita y marfil, y cuyas venas y uñas fueron talladas de forma muy realista. “Sus viviendas tenían un sistema de corredores que permitían la manipulación de luz, ventilación y movimiento. Esta es una innovación que simplemente no se ve en ninguna cultura vecina”, apunta Louise Hitchcock, profesora de Arqueología de la Edad de Bronce del Egeo en el Programa de Clásicos y Arqueología de la Universidad de Melbourne (Australia).

El fin de una era

Según los investigadores, hay una gran incertidumbre sobre el tamaño y el impacto de los tsunamis en Creta. La evidencia arqueológica indica algún daño en los puertos y otros sitios en la costa norte de la isla, pero la mayoría de los sitios de Creta estaban al interior y no habrían sido directamente afectados, excepto por cantidades pequeñas de caída de cenizas. “Dependiendo del volumen, velocidad, tiempo y direccionalidad del colapso de Thera, las simulaciones de tsunami basadas en la física estiman que la altura de las olas en Creta habrían oscilado entre, virtualmente, cero y 40 metros”, señala Steven Ward, geofísico de la Universidad de California en Santa Cruz.

Si el tsunami de Thera sacudió a Creta con olas de 40 metros, Ward plantea que este podría haber sido un factor importante en el colapso final de esta civilización. El tsunami habría paralizado sus flotas mercantes y militares, así como gran parte de su infraestructura costera. “Tal vez los estados enemigos, al ver a los ricos minoicos en una condición debilitada, los invadieron y simplemente los borraron del mapa”, afirma.

Sin embargo, hay voces que discrepan con esta teoría. El motivo es simple: hay una enorme brecha entre la erupción (alrededor del 1615 A.C) y la desaparición definitiva de la civilización minoica (1400 A.C, aproximadamente). “Eso significa que la erupción, los terremotos, la caída de cenizas y el tsunami no derribaron a los minoicos. De hecho, ellos iniciaron un renacimiento en el arte y la arquitectura después de la erupción, construyendo sus estructuras más grandes y creando su mejor arte entre el período posterior a la erupción y la conquista de Creta por parte de los micénicos”, señala Sandy MacGillivray, co-director de las Excavaciones en el Palaikastro del Colegio Británico de Atenas.

El ocaso de los minoicos estuvo marcado por vehementes destrucciones y abandonos a lo largo de Creta, que se enfocaron en los palacios y villas. En algunos casos, los abandonos fueron tan repentinos, que muchos objetos de valor fueron dejados atrás, como los tesoros de lingotes de cobre en Kato Zakro. “Las causas de estas destrucciones es desconocida y muy poco estudiada, pero el nivel de destrucción indica que fue un período traumático en la historia de la isla”, apunta Hitchcock. “Se especula que las tensiones acumuladas sobre la base de la creciente complejidad de la civilización minoica llevó a guerras entre facciones rivales al interior de la isla. El caos resultante pudo haber permitido que los micénicos se trasladaran a Creta y tomaran el poder antes de que los minoicos tuvieran la oportunidad de recuperarse”.

El origen del mito

En los diálogos Timeo y Critias, Platón describe a la Atlántida como una isla redonda creada por el dios Neptuno para su amada Clito. Este reino era más grande que el norte de África y Asia juntos y su suelo era tan fértil, que nadie pasaba hambre. Un código prohibía que los gobernantes se enfrentasen con armas y los obligaba a hacerse aconsejar por diez sabios. Sus habitantes vivían en paz y prosperidad. Hasta que la mezcla continua con la naturaleza mortal fue aminorando su esencia divina y Júpiter, el dios de todos los dioses, envió grandes temblores de tierra e inundaciones como castigo. De esta forma, el agua se tragó a la Atlántida.

Los expertos postulan que esta leyenda venía de Egipto a través de los puestos de comercio griegos del Delta del Nilo. Egipto era un socio comercial conocido de los minoicos, antes y después de la época de la erupción, por lo que la narración podría estar inspirada en un acontecimiento real. “Ciertamente, las leyendas de una cultura ancestral, avanzada, pero ahora desaparecida, pasaron de generación en generación y, eventualmente, llegaron a oídos de Platón”, señala Ward. “Nuestra conjetura es que, después de escuchar la historia de los minoicos, Platón pensó que era solo una ‘historia fresca’ que podía ser re-trabajada y modernizada en su saga sobre la Atlántida. Platón, después de todo, era un filósofo, no un historiador o un científico, por lo que era susceptible de remodelar la leyenda para adaptarla a sus propósitos”.

Sin embargo, si se toma de forma literal, la tesis de la Atlántida del Mediterráneo no coincide con las descripciones de Platón. Thera erupcionó cerca del 1615 A.C y el filósofo griego establece la destrucción de la Atlántida 9 mil años antes de su época (es decir, en el 9500 A.C). Además, situó a la Atlántida en el Océano Atlántico, más allá de los Pilares de Hércules (lo que hoy sería el Estrecho de Gibraltar) y no en el Mar Egeo. “Platón dice que la historia viene de Solón, que la escuchó en Egipto, por lo que ya hay una cadena de tradición oral que no puede ser verificada” dice Driessen.

El arqueólogo MacGillivray también tiene unos “pocos problemas” con la Atlántida minoica. “Platón y sus contemporáneos eran bien versados en la historia cretense y los cuentos de Minos y de sus hazañas. Con todo eso, el ‘continente perdido’ está ubicado más allá de los Pilares de Hércules”, apunta. “Sabemos que algo bastante sustancial ocurrió, aproximadamente, en el 9.600 A.C y esta fecha calza perfecto con la de Platón. Creo que tenemos mucho más que descubrir en Creta, especialmente a lo largo de las costas sumergidas de la isla, que podrían arrojar una luz sobre este período, cuando el nivel del mar era, aproximadamente, 100 metros más bajo. Si hay una conexión atlante, la buscaría allí”.

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