Viaje al centro de la tumba de los dinosaurios

Un grupo de científicos perforó el cráter dejado por el asteroide que habría extinguido el 75% de las especies terrestres a fines del período Cretácico. Las muestras recogidas permitirán saber cómo la vida se recuperó después de la catástrofe. Guillermo Tupper.

(Artículo publicado en el Cuerpo Vidactual de El Mercurio. Julio del 2016)

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A finales de la década del 70, los geofísicos Antonio Camargo y Glen Penfield buscaban yacimientos de petróleo en la península de Yucatán (México) cuando descubrieron el cráter de Chicxulub. Con un diámetro de 200 kilómetros y 1,5 kilómetros de profundidad, la formación de esta inusual estructura geológica coincidía con el final del período Cretácico, hace 66 millones de años. En sus investigaciones posteriores, Penfield —junto a otro científico, Alan R. Hildebrand—postularon que este boquete había sido causado por un impacto. Las evidencias incluían muestras de cuarzo chocado y una anomalía gravitatoria.

El hallazgo del cráter permitió reafirmar la hipótesis de que este impacto sería el responsable de la extinción masiva del Cretácico-Paleógeno, el evento que hizo desaparecer a los dinosaurios, los grandes reptiles marinos y el 75% de la vida terrestre y marina. La colisión de este enorme asteroide —cuyo diámetro habría alcanzado los 14 kilómetros— fue tan poderosa que gatilló un cataclismo global. No solo provocó una cadena de terremotos, erupciones volcánicas y megatsunamis. En los años siguientes, el planeta se convirtió en un lugar frío y oscuro, debido a la expulsión de pequeñas partículas desde la zona de la colisión hacia la estratósfera, y al hollín generado por múltiples incendios.

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En abril de este año, una iniciativa del European Consortium for Ocean Research Drilling (ECORD) exploró por primera vez la mitad sumergida del cráter en el Golfo de México. Para lograrlo, el grupo de investigadores —que incluye a científicos de la Universidad Nacional Autónoma de de México, la Universidad de Texas en Austin (Estados Unidos), el Imperial College de Londres y el British Geological Survey (ambos del Reino Unido)— utilizó el Myrtle, un barco grúa capaz de anclarse al suelo marino. Durante dos meses de trabajo, el grupo perforó hasta llegar a los 1.335 metros de profundidad y extrajo muestras de rocas de 50 millones de años de antigüedad. Estos ejemplos podrán arrojar luces sobre la forma en que se recuperó la vida después del evento.

El segundo objetivo de los científicos era entender cómo funciona el proceso de formación de este tipo de cráteres. Para eso, perforaron y recolectaron rocas desde el ‘peak ring’ (o anillo pico) de Chicxulub, es decir, el anillo de montañas que se forma alrededor del centro del impacto. “En tercer lugar, queríamos saber si los cráteres de impacto pueden ser habitados por vida microbiana. Recolectamos un puñado de muestras para estudiar esta profunda biología y biósfera y ya están siendo analizados en laboratorios de Gran Bretaña y Australia”, dice el científico Sean Gulick, profesor de Geología Marina y Geofísica en la Universidad de Texas en Austin y uno de los jefes del proyecto, a “El Mercurio”. “Es posible que no tengamos éxito en encontrar ADN antiguo, pero sí en encontrar ADN moderno de organismos microbianos que evolucionaron a partir de organismos que ocuparon el cráter justo después de que este se formara”.

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El cráter de Chicxulub es la única estructura terrestre relacionada directamente con una extinción masiva y, hasta este año, la zona cubierta por las aguas solo se había podido cartografiar por métodos indirectos. Desde la zona cero del evento, los expertos esperan encontrar plancton animal —como los foraminíferos— y nanofósiles y así poder analizar cómo se recuperaron esos dos tipos de organismos. “(Las muestras de rocas) nos van a decir cómo se forman los grandes cráteres de impacto, si la vida puede existir en océanos tóxicos por sobre un gran cráter de impacto, y si estos cráteres son buenos hábitats para la vida”, dice la geofísica Joanna Morgan (foto superior), profesora del Imperial College de Londres y también jefa del proyecto. “Estos dos últimos puntos son importantes para pensar sobre cómo se originó la vida en la Tierra más primitiva cuando los impactos eran más comunes”.

¿Qué mató a los dinosaurios?

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En la paleontología, la tesis de que un asteroide causó el fin de los dinosaurios es una de las más populares y aceptadas. Sin embargo, en los últimos años han surgido varios estudios que apuntan a que la extinción de estos animales se habría producido por la confluencia de múltiples causas. El último de ellos es “Dinosaurios en declive diez millones de años antes de su extinción final” (2016), una investigación liderada por científicos de dos universidades británicas, la de Reading y la de Bristol, y que concluye que los dinosaurios ya estaban sumidos en una decadencia evolutiva mucho antes de que el asteroide impactara contra la Tierra, evento que terminó por borrarlos de la faz de la Tierra.

Según el estudio, las especies de dinosaurios habrían perdido la capacidad de especiarse, es decir, de diferenciarse en especies nuevas mejor adaptadas a los cambios medioambientales. A través de un análisis bayesiano, los investigadores concluyeron que hubo un punto de inflexión 50 millones de años antes del fin del Cretácico, donde la tasa de especiación cayó por debajo de la tasa de extinción de la mayoría de los grupos de dinosaurios. “Las mejores ideas que encontramos tienen que ver con los cambios en el nivel del mar y la temperatura. En el Cretácico tardío, el nivel del mar creció y las masas de tierra se fragmentaron en pequeños subcontinentes. Tal vez esto tuvo un efecto sobre el movimiento de los dinosaurios más grandes”, señala Mike Benton, profesor de Paleontología de Vertebrados en la Universidad de Bristol y uno de los autores del estudio. “Además, durante este tiempo, las temperaturas se fueron enfriando, y eso podría no haberlos favorecido”.

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Para Sean Gulick, sin embargo, la evidencia que vincula el impacto del meteorito y la extinción masiva de fines del período cretácico es muy fuerte. “En un límite de tiempo muy discreto desaparecieron los reptiles marinos y dinosaurios de tierra, aunque otros, como los reptiles aviar, lograron sobrevivir. Si ves el registro de hojas de plantas o el plancton en el océano, también ves una extinción repentina”, apunta. “Hubo erupciones volcánicas antes y después, pero no hay evidencia alguna de múltiples extinciones pequeñas, sino de una sola extinción masiva que está ligada de manera exacta al momento en que ocurrió el impacto”.

La colisión hizo desaparecer tres cuartos de la vida en la tierra, pero, en el suelo marino, la extinción de los organismos superó, en algunos casos, el 90%. Una de las teorías que explicaría este fenómeno es la de la ‘acidificación de los océanos’, ya que el impacto liberó una gran cantidad de dióxido de carbono que cambió el pH del agua. “En adición a eso, hay muchas rocas que tenían azufre en su interior y que fueron vaporizadas y expulsadas del cráter. Y el azufre de las rocas, combinado con el agua, producen sulfate aerosol, el que, llevado de vuelta al océano, también es un ácido”, dice Gulick. “Es algo muy interesante de estudiar, porque esto podría estar ocurriendo hoy. Una de las explicaciones de las tensiones que vemos en el medioambiente marino podría estar relacionado con el pH del océano y los niveles de dióxido de carbono que tenemos en la atmósfera”.

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Según los expertos, cada vez que ocurre un evento de extinción, se abren nichos ecológicos para que los ocupen distintos organismos. Y, en los últimos 66 millones de años, los mamíferos llenaron muchos de esos espacios. “¿Cómo se recuperó la vida? Creo que esta es vigorosa. Es probable que, para la vida en los océanos, la falta de luz solar haya sido el principal problema. Del mismo modo, se perdió todo lo que estaba sobre la tierra y tenía una masa de más de 25 kilos”, señala Joanna Morgan. “Cualquiera que haya podido sobrevivir años duros, por ejemplo, a través de la hibernación, tuvo una mejor oportunidad de sobrevivir”.

¿Podría un asteroide de 14 kilómetros impactar nuevamente la Tierra?

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“Un asteroide de 10 kilómetros debería impactar la Tierra cada 100 millones de años”, señala Sean Gulick . “Encontramos tres cráteres en la Tierra causados por asteroides de ese tamaño: uno en Canadá, otro en Sudáfrica y el de México. En los últimos años, organizaciones como la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA) han inaugurado programas para estar alerta a los asteroides que cruzan la órbita del planeta y han rastreado el 50% de ellos, los que promedian un tamaño de 10 metros. Es improbable que se acerque un asteroide enorme en nuestro tiempo de vida, pero tal vez tengamos a varios de los pequeños”.

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