Se prepara la verdadera conquista de la Luna

Este año, la Agencia Espacial Europea presentó “Moon Village”, un programa de exploración y desarrollo global para construir una base permanente en nuestro satélite natural. No solo será un paso clave en el objetivo de llegar a Marte; en un futuro no tan lejano se podrán emprender actividades comerciales en la Luna y la extracción de sus materias primas podría determinar el liderazgo económico global. Guillermo Tupper.

(Artículo publicado en el Cuerpo Vidactual de El Mercurio. Junio del 2016)

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Desde que el año pasado asumió en su cargo, el director de la Agencia Espacial Europea (ESA), Jan Woerner, mostró su deseo de construir una base en la Luna en colaboración con todos los países que exploran el espacio. El motivo era claro: la estación Espacial Internacional (EEI), el gigantesco centro de investigación que orbita la Tierra y donde los astronautas viven y trabajan, dejará de ser utilizada como un laboratorio por los gobiernos hacia el año 2024.

“La ventaja de tener distintas naciones trabajando en el espacio no debe perderse. Por lo tanto, empecé a pensar en cuál podría ser la sucesora de la EEI”, cuenta Woerner a “El Mercurio”. “Dije: ‘¿por qué no hacemos que los países interesados en explorar el espacio, y también las instituciones privadas, tengan un objeto común donde puedan viajar? Y la luna es un destino que está cerca, puede ser alcanzado y es ideal para testear distintas tecnologías”.

La idea dio origen a “Moon Village“, un programa de exploración y desarrollo presentado por la ESA a comienzos de este año y cuyo objetivo final es la estancia permanente del hombre en la Luna. A pesar de que solo es una propuesta -ya que no existe ningún acuerdo firmado-, hoy se realizan distintos estudios para construir la base lunar a partir de las posibilidades de la tecnología 3D y los recursos que se pueden encontrar en el único satélite natural de la Tierra. “Este es un primer y gran paso para cualquier misión humana que quiera explorar el espacio de forma más profunda”, dice Woerner.

Trabajando en la Luna el 2025

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Lejos de ser una quimera, “Moon Village” es un plan bien estructurado. El primer hito ocurrirá el 2018, con una cápsula Orion y un módulo ESA que viajarán ida y vuelta a la Luna; el 2021 o 2022, cuatro astronautas serán lanzados en esa cápsula Orion y permanecerán unos diez días orbitando el satélite. Y hacia el año 2025 se espera tener humanos pisando y trabajando sobre suelo lunar, utilizando la infraestructura robótica ya instalada. La meta es tener una presencia humana permanente en la luna el 2030.

Para financiar el proyecto, la Agencia Espacial Europea propone un modelo similar al de la Estación Espacial Internacional, donde los países contribuyan de forma colectiva, pero también contempla una importante inversión privada, ya que en la Luna se podrán emprender actividades económicas. “Si tenemos la infraestructura allá, los negocios pueden desarrollarse después”, señala Bernard Foing, director del Grupo Internacional de Exploración Lunar de la ESA y uno de los líderes de este ambicioso proyecto. “Podemos tener una inversión de empresas de construcción, servicios y hasta de turismo. El próximo paso es que la Luna sea el octavo continente de la Tierra”.

Desde un punto de vista de la ciencia y el conocimiento, los beneficios que traería “Moon Village” son múltiples. Primero, permitiría estudiar la Luna como objeto y, a partir de ello, los procesos que trabajan sobre un planeta, como el volcanismo, la tectónica y los minerales o recursos en el suelo. Además, se podría hacer ciencia desde la Luna. Como nuestro satélite no tiene atmósfera, se puede estudiar el universo en varios rangos de longitud de onda y, en el lado lejano de la Luna, instalar un radiotelescopio y observar ondas de radio sin tener el ruido de emisión de la Tierra. “También podemos hacer ciencia sobre la Luna, con el desafío de instalar la vida terrestre en otro lugar”, dice Foing. “Ver si podemos mantener esta vida con una infraestructura artificial y si después, con ese conocimiento, podemos viajar hacia otros destinos”.

Robots y tecnología 3D

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El proyecto “Moon Village” posee un cronograma bien definido. La primera etapa tendrá como protagonistas a los robots con alunizadores, los que permiten hacer mapas de los recursos naturales y reconocer mejor los lugares. El segundo paso es mandar unos módulos de habitación o laboratorios que puedan ser operados a distancia desde la Tierra. “Podemos utilizar unos robots para instalar algunas funciones y otros para usar tecnología de impresión 3D para aumentar estos módulos”, señala Foing. “Y, después, podemos mandar a los humanos con un taxi espacial. En un comienzo, los astronautas trabajan con los robots en períodos de estadía de semanas o meses. Después regresan (a la Tierra) y, durante este tiempo, los robots siguen laborando”.

Las características de la base lunar también van a ir mutando con el tiempo. Todo empezará con una aldea robótica y una habitación en órbita alrededor de la Luna, que podría albergar a seis astronautas, mientras los robots construyen la base en la superficie lunar. El año 2030, cuando se instalen más habitaciones, un grupo de seis a diez personas podría rotar en la Luna por un período de seis meses y pisar el suelo. Pero después de esa fecha, cuando se complete la estructura de base, esta puede ser abierta a otros usuarios interesados, como empresas y sus trabajadores. “Si el 2030 pensamos en diez personas, el 2040 ese número podría aumentar a cien y el 2050 a mil. Sería casi una pequeña ciudad”, pronostica el experto.

Un punto importante es que este “pueblo lunar” no tendrá semejanzas con los pueblos terrestres. No habrá calles, ni iglesias, ni rascacielos. Lo que habrá será un domo inflado por un rover (también conocido como vehículo de exploración espacial) y sobre esta estructura los robots construirán unos escudos para proteger a los astronautas de los micrometeoritos, la radiación solar y las temperaturas extremas. Para eso se ocuparán materiales extraídos de la propia luna, cuya superficie está cubierta por regolito. “En vez de llevar kilos de cemento desde la Tierra, es mucho mejor utilizar materiales locales”, señala Xavier de Kestelier, de Foster and Partners, la premiada oficina de arquitectos británica que forma parte del consorcio creado por la ESA para construir las habitaciones.

En una primera fase, el lugar ideal para levantar una base está ubicado en las cercanías a los polos de la luna. En estos polos hay unos fondos de cráteres que nunca reciben la luz del sol y, además, cuentan con reservas de hielo. Si bien estos boquetes tienen temperaturas muy frías que llegan a los -220 ºC, en sus alrededores hay sectores iluminados de forma permanente por el sol que alcanzan una temperatura moderada de -40 ºC. Estas locaciones son mucho más viables que levantar un refugio en el ecuador de la luna, donde las extremas van desde los -170 ºC en la noche hasta los 120 ºC de día. “El polo de la luna tiene una temperatura muy similar a la que se encuentra en Marte“, dice Foing. “Cuando consigamos tener una base en el polo lunar, es una buena preparación para una base marciana”.

La lucha por los recursos naturales

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La aventura espacial trasciende al domo de “Moon Village”. Si se proyecta la colonización de la Luna a largo plazo, los países que tengan bases podrían aprovechar la extracción del helio 3, un isótopo del helio que se encuentra en el viento solar y llega directo al suelo lunar. Este podría ser utilizado para las acciones de fusión nuclear y no libera productos radiactivos. “Una carga de diez toneladas de helio 3 equivale al consumo de energía de toda Europa en un año. Y diez toneladas es lo que puedes poner en un cohete que viene de la Luna”, dice Foing. “Pero para procesarlo necesitas una industria de gran escala y habría que hacerlo en forma limpia para no destruir la belleza de la superficie lunar”.

Además del helio 3, la Luna es fuente de otros recursos que pueden ser muy preciados, como la energía solar y el polvo lunar, ideal para construir distintos tipos de artefactos. “Estamos explorando técnicas de uso del poder solar para transformar el polvo en vidrio y construir objetos”, asegura el hombre de la ESA. “También se pueden utilizar microondas para transformar el polvo lunar en algo que se pueda utilizar para manufactura de objetos. Pero, primero, vamos a ocupar in situ los recursos naturales, no tanto para traerlos a la Tierra”.

En los últimos años, varios países grandes han mostrado su interés en la exploración del satélite natural. Uno de los más activos ha sido China: el 2013, la misión Chang’e 3 desplegó el rover Yutu y, para el 2018, Chang’e 4 incorporará un módulo de aterrizaje robótico y otro rover para posarse en el lado lejano de la Luna. En la actualidad, el programa espacial del gigante asiático desarrolla el Chang’e 5, una misión que espera traer, al menos, dos kilos de muestras de suelo y rocas lunares a la Tierra.

Otro país destacado es Luxemburgo, que acaba de aprobar una ley que permite utilizar la extracción de metales preciosos, minerales raros y otros productos valiosos de los asteroides. En paralelo, Rusia prepara unas misiones robóticas al polo sur de la Luna el 2020 (un proyecto que se ha estancado debido a su crisis económica) y Estados Unidos podría hacer una sinergia entre “Moon Village” y su ambición de llevar una colonia a Marte el 2030. En el corto plazo, también veremos landers con financiamiento privado, como el Google Lunar X Prize, un robot que pretende caminar 500 metros en la Luna y transmitir videos e imágenes de alta definición.

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“Pienso que en el futuro la lucha va a ser la ocupación de varios lugares estratégicos sobre la Luna. Va a ser una competición por llegar primero y definir qué es lo que se puede usar, algo similar a las zonas de pesca en aguas internacionales”, señala Foing. “¿Si en el futuro vamos a tener bases de países diferentes en la Luna? No solo de países, sino que también de consorcios industriales. Por eso es importante no dejar a estos últimos totalmente libres y contar con reglas de convivencia. Nuestra visión incluye una coordinación entre gobiernos y, también, actores privados. Tal vez, necesitamos un sheriff , un poco como en el lejano oeste, para hacer respetar la ley”.

Cuando jubile, en treinta años más, Foing confiesa que su sueño sería ir a la Luna y quedarse a vivir en el espacio. “Hay una vista estupenda de la Tierra en rotación”, dice. “Nuestro planeta es cuatro veces más grande que la Luna y como sesenta veces más brillante. Mi familia podría venir a visitarme por el fin de semana, aunque un día lunar equivale a un mes. Podría ser que algunos de los astronautas elijan quedarse allá al final de sus vidas”.

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. matrako dice:

    Como es que los Chinos esperan llegar 62 años mas tarde a la luna teniendo los mismos avances tecnologicos que los de yankeelandia?

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