La historia de Los Amigos de María, el grupo chileno que tocó con Dean Reed

Esta semana se estrenó “Gringo rojo”, un documental que indaga en el proceso que llevó al cantante estadounidense a adherir a las ideas revolucionarias tras sus visitas a Chile en los 60 y 70. En nuestro país, Reed grabó con esta fugaz banda capitalina que empezó haciendo música romántica y terminó mutando al rock ácido. Aquí, su historia. Guillermo Tupper

(Artículo publicado en el Cuerpo Vidactual de El Mercurio. Marzo del 2016)

amigos

En 1970, Heraldo “Tito” Barahona —bajista y líder de la banda Los Amigos de María— se encontraba grabando con sus compañeros en el sello Odeon cuando Jorge Oñate, director artístico de la compañía, lo sorprendió con una noticia: su grupo debía acompañar a Dean Reed, el cantante y activista estadounidense que venía a expresar su apoyo al gobierno de Salvador Allende. “Él era muy famoso aquí en Chile, un artista de cine. Yo, cuando más niño, escuchaba sus temas en la radio” recuerda Barahona desde Isla Negra, el lugar donde se afincó hace tres años. “Nos presentaron y fuimos buenos amigos musicales. Y, después, tenerlo al lado, conversar y grabar con él, imagínate lo que fue eso”.

A pesar de que ninguno de sus integrantes adhería a una ideología política, Los Amigos de María fueron los escuderos del llamado “Elvis rojo” durante su estadía en Chile. No solo actuaron juntos en la Plaza de Armas, en un aniversario de la CUT en plena Alameda y el Hotel Antofagasta; también grabaron “Las cosas que yo he visto” y “Somos los revolucionarios”, dos canciones en las que el estadounidense aportó la melodía principal y las letras, y el grupo se encargó de los arreglos y la parte instrumental. “Él era un hombre muy correcto, con sus ideas claras. Y también un excelente músico”, relata Barahona.

Tras grabar discos en el sello Capitol y probar suerte en Hollywood en los 60, Reed se alzó como un decidido socialista en plena Guerra Fría hasta convertirse en una estrella de rock y galán de películas en la Unión Soviética y varios países de la órbita comunista. A casi treinta años de su muerte, el jueves pasado se estrenó “Gringo Rojo”, un documental del realizador local Miguel Ángel Vidaurre y que muestra cómo el cantante modificó su mirada del mundo y su pensamiento político al visitar y conocer la realidad de países como Chile y Argentina. Con un valioso material de archivo, el filme recorre hitos como el polémico acto donde el cantante lavó la bandera de Estados Unidos frente al consulado norteamericano en 1970; o su personificación de Víctor Jara en el filme biográfico “El cantor” de 1978.

En las últimas tres décadas, la figura de Reed ha inspirado libros, documentales y hasta un musical. Sin embargo, poco se sabe de Los Amigos de María, el grupo que repartía sus ensayos entre La Legua y La Granja y que, tras un breve período de actividad, desapareció sin dejar rastro. “Fue una banda que en poco tiempo pasó por muchas metamorfosis, por eso es un poco inclasificable, pero corresponde a la segunda generación de grupos de rock chilenos de inspiración anglosajona de fines de los años 60, contemporáneo a Aguaturbia y Escombros”, señala Gonzalo Planet, bajista de Matorral y autor del libro “Se Oyen Los Pasos: La historia de los primeros años del rock en Chile 1964–1973”.

En su corta vida, Los Amigos de María no solo ejercieron como la banda de acompañamiento de artistas como Dean Reed y el carismático cantante argentino Jhuliano El Extraño, con el que grabaron singles como “No cierres la puerta” y “Vivo por tu amor”. Hacia 1973 publicaron su único álbum, “Rock”, que representó su giro ulterior hacia un rock más duro, crudo y distorsionado. Este long play —casi imposible de encontrar en vinilo—sobrevive a través de precarios registros en YouTube y blogs de internet. “Lo nuestro fue muy fugaz. Estábamos en el despegue cuando pasó el Golpe. Y ahí se terminó todo”, dice “Tito” Barahona. “No fueron más de tres años y, en ese tiempo, es imposible que un grupo llegue a alcanzar una fama tan grande”.

Un extraño argentino

Cuando era pequeño, Barahona descubrió la música a través de varios referentes cercanos. Entre ellos, destacaban un tío que dirigía una orquesta de tangos en Antofagasta y el cómico y músico Jorge Cruz, uno de sus grandes amigos de la vida. Sus primeros pasos fueron en el programa televisivo “Los estudiantes cantan”, del antiguo Canal 9, donde Barahona y compañía eran la banda de apoyo de los escolares que aspiraban a ser cantantes. “Empezamos haciéndole cortinas a ‘Los 3 diferentes’ (el grupo de humor musical integrado por el propio Cruz) y, como nosotros éramos nuevecitos, cuando nos presentaban, nos decían ‘Los Diferentes’. Y el nombre se fue quedando”, afirma.

Además de ser un músico autodidacta, Barahona fabricaba sus propios instrumentos. Experto en trabajos artesanales —luego se especializó como tornero en madera— armó su primera batería “fierro por fierro” y, para hacer la guitarra y el bajo, tomó un árbol seco que encontró botado en la calle. “Teníamos un muy buen cantante, Miguel Cantillana, que se apodaba Michel McDonald y se perdió por circunstancias de la vida”, rememora. “Cuando nos cambiamos el nombre, ya estábamos grabando en Odeon. ¿Por qué Los Amigos de María? El nombre surgió de parte del sello, no fue una elección nuestra. En Perú pensaron que nos llamábamos así por la marihuana. Imagínate”.

En su primera época, cuando todavía eran Los Diferentes, el estilo romántico y melódico de la banda se asemejaba al de Los Ángeles Negros. Sin embargo, el vínculo con el trasandino Jhuliano inició una transición hacia un rock mucho más crudo, influenciado por bandas como Led Zeppelin, Black Sabbath y Ten Years After. “Jhuliano era afinado, lógicamente, aunque no tenía un gran vozarrón”, dice el baterista Óscar “Chaquiri” Segovia, radicado en Brasil desde mediados de los 70 y que recibió ese apodo por su parecido al actor estadounidense George Chakiris. “Pero sí era muy dramático: actuaba en el palco, hacía caretas y miraba a las nenas (risas)”.

En el polarizado Chile de la Unidad Popular, la banda ganó notoriedad gracias a sus performances con Dean Reed, cuya irrupción en la escena capitalina desorientó a mucha gente. En su primera visita, el cantante fue recibido como una verdadera estrella pero, en sus viajes posteriores, su compromiso social ya cubría todas sus actividades públicas, las que incluían encuentros con Salvador Allende. “Las canciones que grabaron Los Amigos de María con Reed sonaron mucho más en actos políticos que en radios. En esos días en nuestro país, la reflexión social en la canción popular no salía del folclor y la Nueva Canción Chilena”, señala Gonzalo Planet. “La izquierda chilena leía el avance del rock como una acción imperialista y de invasión cultural, no se concebía como en otros países que la revolución pudiera ser también rockera. Esos temas de Dean Reed rompen ese prejuicio, por lo que creo que descolocaron a muchos”.

Volver a comenzar

Con la llegada de un nuevo cantante, Miguel “Dany” Hernández, Los Amigos de María consolidaron su formación más estable. Esta fue la que dio vida a “Rock” (1973), su único larga duración, que incluía varios covers como “Ruta 66” (“Route 66”, grabada en 1964 por los Rolling Stones) y “Quién parará la lluvia” (“Who’ll stop the rain”, de Creedence Clearwater Revival). Sin embargo, lo mejor del disco era uno de los dos cortes originales que la banda pudo incluir en el álbum: “Vuelve a comenzar”, una canción de casi diez minutos que confirmaba su evolución hacia un rock más ácido y basado en la improvisación: en este tema, “Dany” se animó a tocar la armónica y “Chaquiri” Segovia una botella de Fanta con monedas.

“No era la idea de Odeon que hiciéramos temas originales, ellos querían una recopilación de canciones grabadas por gente famosa”, admite Barahona. “Quedaban pocos días para terminar el proceso de grabación y faltaban muchos minutos para que el long play estuviese listo. En el sello nos apuraron y nosotros dijimos ‘podemos hacer algo nuestro’. Fuimos al estudio, Mariano (Gálvez) agarró la guitarra, se sentó ‘Chaquiri’ en la batería y me puse yo en el bajo. Y echamos a andar la máquina. Así salió ‘Vuelve a comenzar’. Fue una inspiración del momento”.

El 11 de septiembre de 1973 encontró a Los Amigos de María en Arica. Pocos días antes, la banda había recibido los contratos para cerrar una gira por Perú y, según Barahona, ya tenían amarrado un tour por México. Por lo tanto, decidieron hacer una gira de despedida por el país. “Con el Golpe cerraron todos los negocios y quedamos sin fuente de dinero para pagar nuestro alojamiento”, dice el bajista. “Dos integrantes de la banda —los guitarristas Fernando Espinoza y Mariano Gálvez— tomaron sus bolsos y se volvieron caminando desde Arica a Santiago. Se demoraron cerca de un mes: en el trayecto hicieron dedo, anduvieron en tren, fueron agredidos y les rompieron sus instrumentos. El resto recién pudimos volver a los quince o veinte días. También fuimos agredidos por la policía: nos pegaron y nos cortaron el pelo. Y ahí quedó el grupo”.

Tras el fin de Los Amigos de María, Barahona emprendió nuevos proyectos musicales. Uno de los más destacados fue el trío Cultrún, donde también estaba “Chaquiri” Segovia, y que llegó a compartir escenario con Chabuca Granda en un festival en Perú. El baterista, por su parte, se afincó en Brasil y toca en Raíces de América, un grupo de música folclórica que incorpora instrumentos eléctricos. Fernando Espinoza murió el año 2001 y Mariano Gálvez trabaja en la Municipalidad de San Miguel (no quiso hablar para este artículo). “¿Jhuliano El Extraño? Hace unos veinte años me escribió de Brasil y dijo que estaba grabando un long play en castellano y portugués. Eso fue lo último que supe”, dice el bajista.

En junio de 1986, a miles de kilómetros de los estudios de Odeon en la calle San Antonio, donde grabó con Los Amigos de María, Dean Reed fue encontrado muerto en el lago Zeuthener, cerca de su hogar en Berlín Oriental. A pesar de que el reporte oficial habló de un ahogamiento accidental, su muerte aún causa controversia: mientras algunos se inclinan por la tesis del suicidio, otros hablan de que fue asesinado. Así se cerró la singular carrera del cowboy que vendió millones de discos en la Unión Soviética y tocó con un grupo chileno. “Yo nací y viví en La Legua. Ahí es donde empezamos a ensayar. Imagínate lo que es la música para mí”, señala “Tito” Barahona. “Haber nacido ahí, conocer a Dean Reed, grabar y aprender música. Podría haber sido otra cosa, ¿no?”

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. vincebus dice:

    un amigo me presto este vinilo, una joya, eso si esta bien cagao pero se disfruta igual!

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