Heidi Levine: el arrojo de la fotógrafa más valiente del mundo

Por más de treinta años, esta fotógrafa estadounidense ha inmortalizado con su cámara los conflictos más críticos del Medio Oriente. Su pasión por documentar el horror de la guerra y ayudar a los más necesitados contrasta con el dolor de perder a sus amigos y colegas. Guillermo Tupper.

(Artículo publicado en el cuerpo Vidactual de El Mercurio. Abril del 2015)

En marzo pasado, Heidi Levine fue condecorada con el Premio al Coraje Anja Niedringhaus en Periodismo Gráfico. Por más de treinta años, esta fotógrafa freelance estadounidense ha reporteado los principales conflictos del Medio Oriente y, a menudo, sus imágenes acaparan las portadas de las principales publicaciones internacionales. Para ella, sin embargo, fue una jornada de sentimientos encontrados. ¿La razón? Era muy cercana a Niedringhaus, la inspiradora del premio, una fotógrafa alemana ganadora del Pulitzer y que fue asesinada el año pasado mientras reporteaba en Afganistán.

“Conocí a Anja justo en la época en que estaban construyendo el muro de separación en Gaza. Ella había fotografiado la caída del Muro de Berlín y ahora hacía lo propio con el alzamiento de la barrera israelí”, cuenta, al teléfono desde Jerusalén. “En varias ocasiones nuestros senderos se encontraron aquí, en Cisjordania y Libia y siempre mantuvimos el contacto. Estoy muy honrada de recibir este premio pero, al mismo tiempo, me siento muy triste, porque este premio fue creado en honor a una colega y amiga mía que fue asesinada”.

H.Levine at work03 A diferencia de la mayoría de los reporteros que cubren una historia y luego toman un avión a su país de origen, Levine vive el horror de la guerra a un nivel profesional y personal, enfrentando los mismos peligros que viven los personajes que retrata en sus fotos. En 1983, cuando viajó por primera vez a Israel, pensó que su estadía en esa zona del mundo no se iba a prolongar por más de un año. Pero luego se casó, tuvo tres hijos en tres años y se quedó a vivir hasta hoy.

En el camino, fue testigo de los momentos más críticos en el Medio Oriente, como las revoluciones en Egipto, Libia y Siria, la situación de los refugiados iraquíes que viven en Jordania, Siria y Suecia y hasta se infiltró por un mes en las tropas estadounidenses en Irak para documentar la vida de las mujeres soldados. Aquí, su derrotero estuvo a punto de cambiar para siempre.

“El 2003, estuve muy cerca de ser secuestrada en Irak. Fui arrastrada a un auto a punta de pistola y alcancé a lanzarle mi teléfono satelital a un colega. Cuando los secuestradores vieron el teléfono en el suelo, se lo llevaron y me dejaron ir”, relata. “En los últimos dos años, he vivido la experiencia de perder a varios colegas. Soy mucho más conciente del peligro ahora de lo que era antes. Siempre he estado conciente del riesgo, pero ahora entiendo que he tenido mucha suerte”.

Las fuerzas rebeldes anti-gobierno libio lanzan un misil a los combatientes leales a Jaddafi.
Las fuerzas rebeldes anti-gobierno libio lanzan un misil a los combatientes leales a Jaddafi.

—¿Cuál fue la situación más peligrosa que le tocó vivir?

“El lugar donde sentí más peligro fue en Libia. Estaba en una situación en que los aviones lanzaban bombas arriba de nosotros. No sé cómo ni por qué, pero las bombas no nos dieron. Como estábamos en el desierto, podías ver claramente el peligro que se venía. Yo diría que Gaza fue lo más difícil, porque es el lugar donde estuve emocionalmente más involucrada. Los cohetes eran lanzados cerca del apartamento donde me estaba quedando. Si quedabas atrapada en el fuego cruzado, era realmente muy peligroso. En Siria también era riesgoso, pero era diferente, porque estaba enfrentada a francotiradores”.

—¿Por qué Gaza fue lo más difícil?

“He fotografiado tres guerras en los últimos cinco años. He conocido a personas que han perdido a sus hijos, niños que han perdido a sus padres y gente que ha perdido todas sus pertenencias. De alguna forma, los palestinos se rebelan ante eso y he visto a padres que, después de perder un hijo, deciden tener otro y le ponen el mismo nombre que su hijo asesinado. Es una resiliencia inconmensurable. Es muy difícil de describir pero, de alguna manera, la gente igual se las arregla para levantarse al día siguiente”.

“Pensé que iba a ser una socióloga”

Un niño palestino, vestido como un militante de Hamas, sostiene dos armas de juguete.
Un niño palestino, vestido como un militante de Hamas, sostiene dos armas de juguete.

Desde que era muy pequeña, Levine tenía inquietudes relacionadas con ayudar a la gente. Cuando todavía era una estudiante, asistió a niños retrasados mentales, luego fue voluntaria en un hospital e, incluso, trabajó en una línea de prevención de suicidios. “Básicamente, pensaba que iba a ser una socióloga o psicóloga”, afirma. “No era lo suficientemente inteligente como para ser una doctora”.

A los 16 años, Heidi solía acompañar a su padre a sus viajes de negocios a Nueva York. Cada vez que le tocaba ir a la oficina y dejarla sola, él le indicaba la dirección donde quedaban los museos de la ciudad. Pero ella prefería recorrer sola barrios como el Harlem, donde vivía la población afroamericana. “Siempre estuve interesada en las distintas culturas y la gente que tenía problemas”, admite. “Mi padre era muy apasionado por la fotografía y trabajó en una tienda de cámaras. Él estaba más interesado en la fotografía de naturaleza; solíamos dar una vuelta por Boston, recorrer la costa y escalar rocas”.

Unas mujeres lloran durante el funeral de unos niños asesinados tras un bombardeo naval israelí en el puerto de Gaza (2014).
Unas mujeres lloran durante el funeral de unos niños asesinados tras un bombardeo naval israelí en el puerto de Gaza (2014).

Los primeros trabajos de Heidi como fotógrafa fueron en el periódico de su universidad. Por ese entonces, uno de sus principales referentes era The Boston Globe, un diario local que le dedica un espacio muy importante al periodismo fotográfico. Fue justamente en sus páginas donde halló el número telefónico de la Associated Press y decidió postular a un viaje a Tel Aviv. “Había peleado con mi novio de la época y fue una forma de desquitarme y castigarlo”, recuerda. “Tenía un compañero de pieza que había vivido un año en Israel. Además, uno de mis profesores en la universidad había sido corresponsal y también soldado en Vietnam. Hablaba mucho de su experiencia y pienso que eso tuvo una gran influencia en mí”.

—No es común ver a una fotógrafa mujer en zonas de conflicto. ¿Fue difícil que la tomaran en serio de un comienzo?

“Un poco, sí. Actualmente, la mayoría de mis colegas son muy respetuosos conmigo. Nunca sentí que estuviera confrontada a un ‘club de chicos’. Tampoco fue un problema porque, cuando era niña, la mayoría de mis amigos eran hombres (risas). Como las mujeres somos tan pocas, se crea un profundo lazo que pasa a ser hermandad. Compartimos alojamiento y, si te quedas sin ropa, siempre puedes pedir prestada. Y también es bueno para tener un apoyo emocional”.

Hombres palestinos corren con una bandera blanca en el bombardeado barrio de Shejaiya, Gaza (2014)
Hombres palestinos corren con una bandera blanca en el bombardeado barrio de Shejaiya, Gaza (2014)

—¿Qué cosas buscas cuando eliges un personaje para una foto?

“Mi intención no era fotografiar conflictos todo el tiempo. Pero uno también se topa con esos momentos increíbles, como un doctor israelí haciendo una cirugía a corazón abierto a un niño de Gaza. Una vez hice una historia acerca de un palestino que fue asesinado y donó sus órganos. Algunos de esos órganos fueron destinados a niños palestinos e israelíes, incluso a adultos. A pesar del hecho que esta gente viva bajo un estado de guerra, al mismo tiempo no lo están. Esas historias son realmente muy importantes”.

“La gente debería tener conciencia de lo que está ocurriendo”

En los últimos años, Levine ha sufrido la pérdida de varios colegas y amigos. Entre ellos, Simone Camilli, un periodista italiano de la AP que murió en la Franja de Gaza en agosto pasado. Cuando llegó a la zona del conflicto, Camilli le pidió el contacto del líder del equipo de desactivación de explosivos de Hamas, una historia que la propia Levine estaba cubriendo. A la mañana siguiente, ella le envió el contacto de este líder vía Facebook.

“Estuvimos chateando y se suponía que nos íbamos a reunir esa misma tarde, cuando ambos termináramos de trabajar. Unas pocas horas después, mi asistente escuchó la noticia de que había ocurrido una explosión y había un periodista italiano involucrado. Apenas lo supe, le envié un mensaje en Facebook: ‘algo ha pasado, por favor, no te acerques a esa zona’. Pero era él. Un montón de personas murieron y otro amigo mío que estaba en Gaza fue gravemente herido y perdió una pierna. Para mí fue muy difícil, porque yo le di ese número. A pesar de que la gente me decía que no era mi culpa, no puedo evitar sentirme muy responsable”.

Manar Shabari, una niña palestina de 14 años, junto a sus piernas ortopédicas.
Manar Shabari, una niña palestina de 14 años, junto a sus piernas ortopédicas.

—¿Qué opinan sus hijos acerca de su trabajo? Debe ser duro para ellos aceptar que su madre está en riesgo todo el tiempo…

“Lo es, pero están muy orgullosos de mí (risas). Ahora es más duro para ellos porque son adultos. Ellos se criaron aquí (en Israel) y los niños están muy expuestos a escuchar las noticias, incluso más que en Estados Unidos. Siempre estoy en contacto con ellos y a veces me llaman en circunstancias donde estoy en medio de un tiroteo. Trato de que nunca sepan donde estuve. Es lo opuesto a los padres que no le pierden pisada a sus hijos, aquí son ellos los que me rastrean a mí. A veces tengo que esconderme y mentirles, porque no quiero que se preocupen. Aunque eso es cada vez más difícil debido a la tecnología y porque, a veces, me ven por televisión”.

—¿Cuál diría que es su principal objetivo como fotógrafa? ¿Documentar el horror que nadie quiere ver?

“Sí, eso es lo que me motiva. La gente debería tener conciencia de lo que está ocurriendo. En el pasado, y a lo largo de la historia, la gente podía decir ‘bueno, nosotros no sabíamos lo que pasaba’ y por eso no intentaban detenerlo. Los últimos meses han sido duros para mí porque mi padre murió en noviembre pasado y todavía estoy tratando de procesar todas las experiencias vividas en Gaza y recuperarme de mi propio trauma. Hoy estoy enfocada en un proyecto de ayuda en Gaza para todas las personas que fueron heridas en la guerra. Ahora que gané este premio, tengo un montón de energía para seguir adelante”.

La policía israelí trata de identificar a las víctimas de un atacante suicida fuera de un centro comercial en Netanya (Israel, 2005).
La policía israelí trata de identificar a las víctimas de un atacante suicida fuera de un centro comercial en Netanya (Israel, 2005).
Un combatiente libio anti-gobierno apunta su arma ante el acercamiento de las fuerzas pro-Jaddafi (2011)
Un combatiente libio anti-gobierno apunta su arma ante el acercamiento de las fuerzas pro-Jaddafi (2011)
Miembros de una familia rezan en la Mezquita de Sajeria junto a los cuerpos de Amir (15), Mustafa Arief y Mohammed durante su funeral en Sajeria, Gaza, en julio del 2014.
Miembros de una familia rezan en la Mezquita de Sajeria junto a los cuerpos de Amir (15), Mustafa Arief y Mohammed durante su funeral en Sajeria, Gaza, en julio del 2014.

Los palestinos recogen libros religiosos musulmanes entre los escombros de la mezquita Al-Qassam, en la Franja de Gaza (2014)
Los palestinos recogen libros religiosos musulmanes entre los escombros de la mezquita Al-Qassam, en la Franja de Gaza (2014)
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