El misterio de la estrella Tabby

En mayo pasado, este enigmático astro volvió a sufrir una repentina baja en su brillo. Su comportamiento desconcierta a los astrónomos, y las hipótesis van desde una colisión con un planeta hasta una posible estructura artificial creada por seres inteligentes. Guillermo Tupper.

(Artículo publicado en el Cuerpo Vidactual de El Mercurio. Junio del 2017)

En marzo del 2009, la NASA lanzó la misión Kepler con el objetivo de buscar planetas fuera del Sistema Solar. Durante cuatro años, este satélite monitoreó el brillo de más de 150 mil estrellas. En paralelo, un grupo de astrónomos de la Universidad de Yale lanzó planethunters.org, un proyecto que les permitía a voluntarios analizar los datos de Kepler y hallar exoplanetas con el ojo humano. “Encontramos decenas. Y también una de las estrellas más misteriosas de nuestra galaxia”, cuenta la astrónoma estadounidense Tabetha Boyajian.

Ubicada en la constelación de Cygnus, en la Vía Láctea, y a 1.300 años luz de la Tierra, KIC 8462852 -bautizada como “Tabby“, en honor a Boyajian- tenía un comportamiento que no se asemejaba a ninguna de las estrellas observadas por Kepler. Cada cierto tiempo, su luz se veía disminuida por el paso de uno o más objetos, que transitaban de manera extensa e irregular en su órbita. La primera señal misteriosa fue detectada en mayo del 2009, cuando algo gigante, y que no tenía la típica forma de un planeta, bloqueó su luz. “Normalmente, los tránsitos duran unas pocas horas, pero este duró casi una semana”, dice Boyajian.

Los astrónomos llaman “tránsito planetario” al momento en que la órbita de un planeta se alinea con nuestra línea de visión y pasa frente a una estrella. Cuando esto ocurre, el planeta bloquea parte de la luz de la estrella (como en un eclipse) y el brillo de esta última baja de manera periódica. “El problema está en que Tabby muestra muchas bajadas de brillo y estas no son periódicas”, explica Néstor Espinoza, astrofísico de la Universidad Católica y del Instituto Mileno de Astrofísica. “No pasan cada diez o veinte días. Pasa una vez y, doscientos días después, pasa de nuevo y, un año después, pasa otra vez. Y todas tienen profundidades distintas”.

En marzo del 2011, Tabby disminuyó su brillo en un 15%; y, en febrero de 2013, una ráfaga de tránsitos, que probablemente indicaba una aglomeración de distintos objetos, provocó una caída de más de un 20%. “Esto significa que, cualquier cosa que esté bloqueando su luz, tiene un área equivalente a mil veces el área de la Tierra”, señala su descubridora.

¿Dónde está el brillo?

Tras un largo período de calma, el 19 de mayo pasado Tabby volvió a encender las alarmas cuando perdió un 3% de su brillo en solo 24 horas. “Todavía estamos analizando los asombrosos datos que gente de todas partes del mundo tomó para nosotros”, dice Jason Wright, astrónomo de la Universidad Estatal de Pensilvania, a “El Mercurio“. “¿Si son los mismos objetos que están en tránsito o son otros? No sabemos. Pero podemos decir que esta baja en su brillo no luce exactamente como ninguno de los descensos previos”.

Hace dos años, Wright fue el primero en sugerir que, a pesar de que era la última hipótesis, “esto parecía algo que uno esperaría que una civilización extraterrestre construyera”. Suficiente para especular con que Tabby podía estar rodeada de una o más estructuras artificiales, creadas por seres inteligentes, que se nutren de su energía.

“La falta de infrarrojo es un golpe contra cualquier explicación que involucre material circunestelar, incluyendo megaestructuras”, señala Wright. “Es difícil descartar la opción completamente, pero también es difícil probarla, excepto que sea mediante las comunicaciones tradicionales del Instituto SETI -encargado de la búsqueda de vida en otros planetas- como la radio y el láser. Por lo tanto, tenemos dos programas paralelos: uno en SETI y otro enfocado en la astrofísica natural”.

El extraño comportamiento de Tabby motivó acalorados debates entre científicos. El año pasado, un controvertido estudio liderado por Bradley Schaefer, de la Universidad Estatal de Luisiana, concluyó que el brillo de Tabby había disminuido un 20% entre 1890 y 1989. La tesis -que era consistente con la idea de que “algo” absorbía energía de la estrella- fue puesta en duda por científicos de la Universidad Estatal de Ohio, Vanderbilt y Lehigh. Según estos últimos, el aparente oscurecimiento de 100 años de Tabby coincidía con algo mucho más trivial: los cambios en la instrumentación científica utilizada en el siglo pasado.

Este año, Josh Simon -astrónomo de los Observatorios Carnegie– y Ben Montet -de la Universidad de Chicago– pusieron más pimienta al debate. Basados en las medidas de luminosidad registradas por Kepler, los científicos determinaron que, durante los cuatro años que el satélite artificial observó la estrella, Tabby disminuyó su brillo en un 3%. “Estos resultados agregaron dos misterios al original: no se ha visto que ninguna estrella de mediana edad se desvanezca lentamente por años; y tampoco que haya cambiado su brillo en varios puntos porcentuales en apenas seis meses”, señala Simon.

¿Qué es?

Tras descartar una falla en los equipos, los científicos deslizaron varias tesis iniciales. Entre ellas, un enjambre de cometas que atraviesan la estrella en una órbita elíptica. “Esta última es consistente con nuestras observaciones”, dice Boyajian. “Pero tomaría cientos de cometas para reproducir lo que estamos observando”.

Una tesis que gana adeptos es la de un planeta que colisionó con la estrella. Formulada por Brian Metzger, de la Universidad de Columbia, esta teoría postula que dicha colisión hizo que Tabby aumentara su brillo y, luego, este decayera durante el último siglo. “Tales colisiones podrían estar ocurriendo más a menudo de lo que pensamos”, dice Metzger. “Aunque solo hay una estrella Tabby en el campo de Kepler, este último observó alrededor de una en un millón de estrellas en nuestra galaxia”.

Otra solución habla de que los bajones de luz podrían ser causados por un planeta con anillos, ligeramente inclinado respecto a su órbita, como ocurre con Saturno. La primera gran perturbación en el brillo de Tabby (la del 2011) correspondería al paso de este planeta. La segunda (del 2013) sería una colección de asteroides que acompañan al planeta, conocidos como troyanos. “Las bajadas de luminosidad más recientes, dentro de este modelo, se podrían explicar por asteroides hilda, que tienden a aglomerarse en el lado opuesto de la órbita del planeta”, dice Fernando Ballesteros, jefe de instrumentación del Observatorio Astronómico de la Universidad de Valencia, y uno de los autores de esta investigación.

La estructura alienígena

El ejemplo clásico de una megaestructura es la esfera de Dyson, propuesta por el físico Freeman Dyson en 1960. Este contemplaba una civilización avanzada capaz de construir un enjambre de satélites que orbitan su estrella y cosechan energía solar para satisfacer sus necesidades. “Las estrellas parcialmente protegidas se someterían a agudos y periódicos descensos en su brillo a medida que los cosechadores eclipsan la estrella y eso es lo que algunos piensan que está ocurriendo aquí con la estrella Tabby”, dice David Kipping (foto superior), profesor del Departamento de Astronomía de la Universidad de Columbia.

Si Tabby estuviese rodeada de una estructura alienígena semejante, ¿cuáles serían sus características? “Dado que el oscurecimiento (de la estrella) es del orden del 20%, la construcción no rodea la estrella por completo y, por lo tanto, no tiene una forma de esfera”, dice el astrofísico Zaza Osmanov, profesor de la Universidad Estatal de Tiflis (Georgia). “Por otro lado, el carácter irregular de la baja de su brillo indicaría que la megaestructura, en alguna de sus partes, es irregularmente transparente”.

Los expertos coinciden en que la estructura alienígena no es más que una posibilidad remota. “No se han detectado señales de radio desde Tabby”, afirma Dan Werthimer, científico jefe del Centro de Investigación SETI de Berkeley. “La opción de que sea una megaestructura extraterrestre es la menos probable de todas. Es una posibilidad de uno en un millón. La más factible es que sean nubes de polvo que estén pasando entre la Tierra y la estrella”.

Al igual que las bajas de luminosidad registradas por Kepler, el último descenso en el brillo de Tabby fue asimétrico e impredecible. Sin embargo, cuando fue observado a través de distintos filtros, los científicos señalan que la proporción de luz absorbida cambió. “La baja de brillo, preferentemente, absorbió una luz más azul. Esto sugiere polvo de alguna forma”, dice Tyler Ellis, integrante del equipo de Boyajian. “Como científicos, preferimos las explicaciones más sencillas. La conclusión de que los extraterrestres son responsables de este proyecto requiere, en mi opinión, un insuperable salto de fe”.

Astrónomos chilenos: “Seguro nos va a enseñar algo”

El debate sobre la estrella Tabby no deja indiferentes a los expertos chilenos. “Es súper interesante, indiscutiblemente”, dice Hernán Quintana, profesor emérito del Instituto de Astrofísica de la Pontificia Universidad Católica y ganador del American Astronomical Society’s Education Prize 2017. “No hay, en este instante, una teoría única sobre lo que está pasando. Eso ocurre con mucha frecuencia cuando se descubren fenómenos nuevos en las estrellas. Lo mismo pasó cuando se descubrieron las binarias de rayos X y algunos problemas con los cuásares. A medida que las observaciones se van ampliando, y son más precisas, muchas de estas teorías van quedando descartadas. Y esa fase aquí, todavía, no ha llegado”.

La inminente publicación de un informe con las conclusiones de la última baja de brillo en Tabby, en mayo pasado, debería arrojar mayores luces sobre su comportamiento. “A lo mejor, las disminuciones (en su brillo) son erráticas en el corto plazo, pero, si uno tiene suficiente tiempo para seguir observándolas, ese mismo conjunto de bajones de luminosidad se pueden repetir cada diez años”, dice la astrónoma María Teresa Ruiz, Premio Nacional de Ciencias Exactas de 1997. “Siento que es un objeto extremadamente interesante, porque, seguro, nos va a enseñar algo. El mismo hecho que no lo entendamos quiere decir que tiene algo que enseñar”.

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