John Cale: “La Factory de Andy Warhol fue como ir a la universidad”

En la previa a su primer concierto en Chile, el miembro fundador de The Velvet Underground rememora las tensiones con su amigo Lou Reed, los conflictos internos de la musa alemana Nico y la razón por la cual abandonó la mítica banda neoyorquina. Guillermo Tupper.

(Artículo publicado en el Cuerpo Vidactual. Febrero del 2016)

El 27 de octubre del 2014, cuando se cumplió el primer aniversario de la muerte de Lou Reed, John Cale (73) hizo su tributo personal en la memoria de su viejo compañero de banda. Fue el video para su canción “If you were still around”, donde el compositor, productor y multiinstrumentista galés contempla unas proyecciones con los rostros de sus amigos desaparecidos de The Factory, el estudio de arte fundado por Andy Warhol en Manhattan. Además de Reed y el propio Warhol, también aparecen imágenes de Edie Sedgwick —la tormentosa actriz y modelo californiana que tuvo una relación con Bob Dylan— y dos de sus colegas en The Velvet Underground: el guitarrista Sterling Morrison y la cantante y modelo alemana Nico.

La noticia de la muerte de Reed encontró a Cale grabando un remake de “Music for a new society”, un disco solista de 1982 y que es considerado como una de sus obras más complejas por la carga de dolor y tensión concentrada en sus composiciones. “El evento (la muerte de Reed) detuvo todo”, dice, al teléfono desde Los Angeles (California). “Un año después de eso, cuando estaba terminando y puliendo las canciones del disco, esta canción, que tiene una letra de Sam Shepard (dramaturgo, actor y escritor estadounidense), realmente parecía encajar en un tributo a todas las personas de la Factory que ya no están más aquí. Ellos significaron mucho para mí. Fue como ir a la universidad, por decirlo de alguna forma”.

La idea de restaurar “Music…” —un álbum que no había sido reeditado en años— nació en agosto del 2013, cuando un promotor de festivales invitó a Cale a tocar el disco de principio a fin en Dinamarca. Como no quedó conforme con los arreglos que hizo para el show, el galés los reformuló en el estudio y desempolvó las cintas originales y algunos descartes del álbum para volver a grabarlos y darles un nuevo orden. Con la participación de colaboradores como Amber Coffman del grupo Dirty Projectors, “M:FANS” es un disco que no solo ofrece un curioso experimento de viaje en el tiempo a través de versiones modernas y fascinantes. También es el testimonio de una época llena de caos y tensiones en la vida personal de Cale (por aquel entonces, aún preso de su larga adicción a las drogas), las que plasmó en canciones donde distintos personajes friccionan el uno con el otro.

“(En ese período) algunas de mis relaciones estaban raídas. (El disco) se trataba de: ‘¿por qué estoy en Nueva York, siendo un músico con una formación clásica? ¿Qué es lo que voy a hacer? ¿Voy a ser un compositor o un artista de grabación? Era un problema de descubrir cuál era mi identidad”, relata. “Yo quería acortar la cantidad de tiempo que existe entre ir al estudio, escribir las canciones y terminarlas y el momento en que el álbum sale a la venta. Esa vez dije: ‘Si quieres hacer una canción, tienes que hacerla ahora y no hay una segunda oportunidad’. Por lo tanto, el disco se transformó en un ejercicio de improvisación”.

Tras su partida de The Velvet Underground, Cale inició una carrera solista tan prolífica como aventurera, donde se ha movido desde el pop barroco de su obra maestra “París 1919” (1973) hasta el ruidismo de “Sabotage/Live” (1979). El domingo 6 de marzo llegará por primera vez a Chile para ofrecer un concierto en el Teatro Nescafé de las Artes, en el marco del ciclo “Santiago Fusión” (entradas disponibles a través del sistema Ticketek). “Estoy muy emocionado de ir a Chile”, admite. “Habrá algunas canciones de The Velvet Underground, material nuevo y antiguo y una variedad de cosas del catálogo. Y espero que el show tenga mucha improvisación. Nos encanta eso”.

“Lou me dio un empujón”

velvet

John Cale nació hace 73 años en Garnant, una zona de Gales donde se esperaba que los hombres trabajaran en las minas de carbón. Alentado por su madre, una profesora de escuela primaria, Cale tomó lecciones de piano y, luego, descubrió su talento natural para tocar la viola. Tras estudiar música en Goldsmiths, en la Universidad de Londres, en 1963 se trasladó a Nueva York donde, entre otros, tocó con el compositor minimalista Le Monte Young. Por ese entonces, Cale era un joven prodigio cautivado por John Cage y el Fluxus, un movimiento impulsado por las concepciones anárquicas del dadá y que cuestionaba las convenciones históricas del arte.

“Ellos me hicieron mucho sentido. Yo estaba tratando de ser un compositor y miraba a todos los movimientos artísticos en Europa: (Karlheinz) Stockhausen, (Anton) Webern y después tenías a los dadaístas”, recuerda. “Estaba más interesado en Fluxus que en cualquier otra cosa, porque ellos atacaban algunos problemas y asuntos muy interesantes en sus performances. Y Cage fue la persona que abrió las puertas. La pureza de la experiencia clásica europea era una pérdida de tiempo, porque no existe tal cosa, es una falacia. Donde sea que la toques, siempre habrá sonidos externos que van a interferir con ella”.

Cuando llegó a Estados Unidos, Cale fue testigo del estallido de la Beatlemanía. Fue la chispa inicial para iniciar su propia transición al rock y los sonidos más avant-garde. “Alguna vez fui un niño (risas). Yo era uno de esos chicos que saltaba arriba de la tarima de los cines de Gales para bailar ‘Rock around the clock’ (de Bill Haley & His Comets)”, recuerda. “Cuando llegué a Nueva York y me confronté a la invasión de los Beatles, me di cuenta de que me había perdido años de mi infancia. Ahí fue cuando conocí a Lou y pensé que podíamos pasarla bien haciendo cosas nuevas”.

—¿Qué fue lo que más le atrajo de Reed?

“Su habilidad para improvisar letras. Él es un poeta y estaba trabajando en esta pequeña compañía de discos (Pickwick Records). Su trabajo era escribir canciones a la usanza de los estilos populares de la época. Un día, él me llevó hacia un lado y dijo: ‘no me importa esta porquería, lo que de verdad me importa son estas canciones’. Y me mostró algunos temas que había hecho en guitarra acústica. Y le dije: ‘no estoy muy interesado en canciones folk, me interesa algo más electrónico’. Empezamos a montar juntos algo que fuese capaz de mover las canciones desde su aspecto más folk hacia algo más electrónico. Puedes escuchar ese progreso en el box set (se refiere a “Peel Slowly and See”, el compilado de The Velvet Underground lanzado en 1995) y ver cómo las cosas se desarrollaron”.

Patrocinados por Andy Warhol, la banda se introdujo en el cinetismo multimedia de la escena artística neoyorquina de la época. Una muestra fueron las “Exploding Plastic Inevitable”, los eventos organizados por el propio Warhol y que incluían performances del grupo, bailarines y la exhibición de filmes del padre del Pop Art. “Teníamos dos guitarras, un teclado, un bajo y tres voces. Todas ellas iban por un amplificador de bajo o uno de guitarra. Te puedes imaginar cómo sonaba: rompíamos los altavoces todo el tiempo”, relata Cale. “Mientras el resto de los clubes abría a las 11 de la noche, nosotros estábamos arriba del escenario a las 8:30. Por lo tanto, la gente que quería bailar más temprano, podía ir y vernos tocar. Jackie Kennedy fue a bailar y también (el periodista) Walter Cronkite”.

—¿Cuál es la verdadera razón de su partida del grupo en 1968?

“Creo que Lou me dio un pequeño empujón. Él le dijo a todo el resto de la banda: ‘si Cale va a Cleveland, yo no voy a ir. Decídanse: ¿se van con él o se vienen conmigo?’. Así fue”.

—¿Cuándo fue la última vez que habló con él?

“No recuerdo realmente (baja la voz). La única comunicación que teníamos era por correo electrónico”.

“A Nico no le dimos oportunidades”

Combinando exploraciones sónicas radicales y canciones pop inteligentes, The Velvet Underground dejó su marca como uno de los actos más influyentes en la historia del rock. Curiosamente, su disco debut —el de la portada de la banana— vendió más copias en Europa que en Estados Unidos. “El álbum es honesto porque habla de una falta de visión sobre lo que estaba pasando en la época. Pero también encajó con una postura de antiamericanismo que estaba en boga en Europa”, teoriza Cale. “¿Si era complicado trabajar con Lou? A veces, pero no lo era cuando teníamos un proyecto en nuestras manos. Tuvimos que escribir ‘Songs for Drella’ en tres semanas (se refiere al disco conceptual de 1990 que grabaron en la memoria de Warhol). Resolver asuntos, eso fue siempre muy fácil de hacer. Pero, tan pronto como habíamos terminado, todo empezaba a cambiar de nuevo”.

El galés dejó el grupo en 1968, luego de “The Velvet Underground & Nico” (1967) y “White light/White heat” (1968). Desde ahí en adelante, continuó con su carrera como solista y productor, lanzando cerca de 30 discos en los últimos 30 años. Además, ha sido responsable desde un vasto número de trabajos que contaron con su producción o asistencia. Entre estos últimos destacan los debuts homónimos de The Stooges (1969) y The Modern Lovers (1976), “Horses” de Patti Smith (1975) y los álbumes más arriesgados de la alemana Nico, donde fue testigo de los profundos conflictos internos de la modelo y cantante.

“Ella no estaba interesada en ser una bomba sexual rubia, quería ser tomada en serio. Por eso empezó a escribir poesía y le gustaba la música hindú”, señala Cale. “Luego se encontró con Jim Morrison, quien la convenció de que debía insistir con la poesía. Su idioma de origen era el alemán y comenzó a escribir su surtido de poesía inglesa en un libro de notas. Consiguió un armonio y, desde ahí en adelante, se convirtió en una cantautora. Ella admiraba todo lo que tuviese relación con compositores jóvenes como Jackson Browne o Jim Morrison y trataba de ver cómo podía encajar en aquello. Lou (Reed) y nosotros no le dimos muchas oportunidades, porque teníamos problemas al interior de la banda. Ella estaba un poco abandonada a su suerte, llegó, hizo un par de cosas, se fue y luego perseveró en su propia carrera”.

—The Velvet Underground tuvo una breve reunión en los 90. ¿Fue una experiencia decepcionante?

“Sí. No recogimos lo que habíamos dejado en absoluto. Se transformó en una búsqueda por restaurar el catálogo de Lou Reed. ¡Podríamos haber hecho cualquier cosa! Pero, a las dos semanas de ensayo, se volvió evidente que Lou no estaba interesado en grabar nada nuevo”.

—¿Por qué cree que la banda todavía es fascinante para las nuevas generaciones?

“Porque la música tiene un nivel de rabia. No es infantil, para nada. Ese nivel de rabia es reflexivo y habla acerca de no entender lo que está ocurriendo. Y si tú no sabes lo que está pasando, eso le va a hacer sentido a muchas personas. Se van a sentir identificadas”.

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